Agosto. Una historia de marcianos
Agosto · Una historia de marcianos Entrega VI
11/08/2026

VI. El equipo de waterpolo y el calabozo

Entrega VI
VI. El equipo de waterpolo y el calabozo
Resumen de lo publicado
Mun y Vrak han conseguido averiguar dónde está el catalizador que necesitan para reparar su nave: se encuentra en las islas Columbretes. Núria y Rafa han seguido su rastro hasta Castellón, mientras el inspector Soler continúa buscándolos. El eclipse se acerca y el tiempo empieza a apremiar.
DIARIO INTERESTELAR DE MUN. DÍA 11 DE AGOSTO TERRESTRE.
Convivir con los humanos proporciona información que no puede obtenerse mediante la simple observación a distancia.

Rafa y Núria son especialmente interesantes. El macho del grupo presenta un comportamiento de cortejo atípico, consistente en fingir competencia en áreas donde la hembra es manifiestamente superior. La hembra lo sabe y no lo corrige, lo cual interpreto como una señal de afecto.

También he observado que Rafa busca constantemente la aprobación de Núria en asuntos que no tienen ninguna relación con la investigación. Cuando ella le da la razón, parece satisfecho. Cuando no se la da, también parece satisfecho, aunque de una manera diferente. Es posible que todavía no haya identificado correctamente el sistema de recompensas de los humanos.

Núria, por su parte, ha desarrollado la costumbre de corregir a Rafa incluso cuando no es necesario. En una ocasión ha corregido una palabra que él había pronunciado correctamente. Cuando se lo he señalado, ha permanecido en silencio durante varios segundos y después ha cambiado de tema. Este comportamiento requiere más estudio.

Los dos han tomado varias decisiones sin hablar previamente de ellas. A veces uno empieza una frase y el otro parece saber cómo va a terminar. También se miran cuando creen que los demás no estamos mirando. No he conseguido determinar qué información intercambian mediante este procedimiento, descarto de momento la transmisión de información mediante el pensamiento.

Por su parte, Amanda presenta una energía elevada, un cargo pendiente y una opinión firme sobre todo. Tiene además una capacidad extraordinaria para formular preguntas que hacen que los demás humanos tengan que explicar cosas que preferirían no explicar. Cuando pregunta algo, suele conocer ya una parte de la respuesta.

Vicente, en cambio, parece incapaz de mantener una información en secreto durante mucho tiempo, pero resulta extraordinariamente útil cuando se necesita algo que requiera llamar a un familiar. Gracias a él tenemos acceso a un barco y, por tanto, una posibilidad real de llegar a las Columbretes.

El barco es más grande de lo que esperaba, me ha hecho sentir nostalgia de nuestra nave, lo cual me recuerda que le estoy ocultando al comandante Vrak que la cúpula de nuestro vehículo no se encuentra donde debería. Esta noche hemos dormido allí. En el barco, no en la nave. No estaba previsto en nuestros planes iniciales, pero Rafa ha considerado que era más seguro que dormir en otro lugar para evitar la detección por parte del Inspector de policía Soler, y Núria ha aceptado sin discutir. Amanda y Vicente ya se habían marchado, así que hemos tenido que entrar sin que nos vieran. Vrak considera que esto no puede llamarse colarse porque tenemos autorización para utilizar el barco. Yo considero que sí puede llamarse colarse porque la autorización no incluye dormir dentro antes de tiempo.

Hemos encontrado un espacio donde guardar nuestras cosas y hemos intentado no tocar nada. Rafa ha insistido en que nadie debía dejar objetos personales a la vista. Después ha escondido su mochila debajo de una mesa. Los humanos tienen una idea curiosa de lo que significa que algo sea evidente.

La convivencia también ha permitido observar una conducta que no había registrado antes: los cuatro se preocupan por cosas distintas. Núria se preocupa por los datos. Rafa, por Núria. Amanda, por que todo el mundo haga lo que ella considera que debe hacer. Vicente parece preocuparse por rellenar el silencio. A pesar de estas diferencias, los cuatro han empezado a comportarse como un grupo. He analizado con cuidado su comportamiento para determinar si es beneficioso para nuestra misión. Creo que sí.

Ojalá yo mismo pudiera ser de más ayuda en la misión, pero estoy en lo que los humanos llaman calabozo, prisión, presidio, cárcel, el trullo, la trena, mazmorra o el penal, según en qué latitud y estado de conservación se encuentren las dependencias carcelarias. Esta creo que se llama 'retén', y cuenta con un sistema de vigilancia y retención de los presos francamente mejorable.

El inspector Soler me observa a intervalos irregulares mientras escribe algo en un ordenador, borra lo que ha escrito, mira su móvil y vuelve a mirarme. El ciclo completo de todas estas acciones se va reduciendo cada vez más, y ahora es capaz de completarlo en menos de dos minutos. Me ha dejado la tablilla de piedra para escribir, creo que no entiende el mecanismo ni es capaz de ver los datos en la pantalla. 

Está empezando a caerme bien.
Reproducción de la página 43 del diario 'El Deportivo' sobre la participación de la selección española de waterpolo en los Juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en la ciudad italiana de Taranto entre el 21 de agosto y el 3 de septiembre

(Abajo, versión solo texto)


BRONCO IBÁÑEZ CONFÍA EN UN MISTERIOSO TÉCNICO NÓRDICO

La selección española prepara en Italia sus tres partidos de la fase de grupos ante el Vaticano, Nepal y las islas Pitcairn

REDACCIÓN COMUNITAT VALENCIANA

La selección española de waterpolo afronta los últimos entrenamientos antes de su debut en los Juegos Mediterráneos de Taranto con una estadística que no invita precisamente al optimismo: lleva tantas derrotas consecutivas que ya resulta difícil establecer dónde termina la mala racha y dónde empieza una tradición. Es complicado buscar los registros de la última victoria del combinado español. Algunos expertos apuntan a que coincidió con la coronación de Alfonso XIII, mientras que otros aseguran que ese partido se empató.

El último entrenamiento tampoco ha contribuido demasiado a despejar las dudas. En una sesión especialmente exigente, uno de los jugadores ha necesitado utilizar manguitos durante el último tiempo, circunstancia que el seleccionador, José Luis 'Bronco' Ibáñez, ha considerado «Un detalle anecdótico que no debe sacarse de contexto», para después añadir «Michael Phelps también tuvo que empezar por algún sitio, vamos digo yo».

Ibáñez, sin embargo, se muestra convencido de que el equipo llegará en condiciones de competir. España ya está clasificada (aunque no nos engañemos: esto de los Juegos del Mediterráneo tiene tan poco interés que si yo mismo hago comboi con mis colegas, también nos clasificamos) y disputará sus tres partidos de la fase de grupos contra Ciudad del Vaticano, Nepal y las islas Pitcairn. El grupo se considera especialmente exigente, sobre todo por la dificultad de preparar partidos contra rivales con tan poca tradición internacional. En el caso del Vaticano, además, la selección local dispone de una única piscina en todo el país.

'Bronco' Ibáñez pertenece a una conocida estirpe de entrenadores de waterpolo. Su padre, su abuelo y su bisabuelo ejercieron como técnicos de diferentes equipos y selecciones, como el Club Deportivo de Aguascalientes, el equipo de la provincia argentina de Río Negro o el combinado nacional del Sáhara Occidental. Su tatarabuelo no pudo iniciar la tradición familiar porque el waterpolo todavía no se había inventado, aunque participó en el descenso en barril de las cataratas del Niágara. «El agua siempre ha estado muy presente en mi familia», explica Ibáñez que, misteriosamente, no se ha acercado a la piscina en todo el entrenamiento.

La principal novedad de la concentración es la presencia de un misterioso técnico extranjero. Se trata de un hombre de baja estatura, aspecto nórdico y procedencia todavía no confirmada, cuya función exacta tampoco ha querido precisar la Federación. Según fuentes del equipo, el nuevo técnico apenas habla con los jugadores y, cuando lo hace, utiliza términos técnicos que ninguno comprende, aunque ha conseguido que varios internacionales mejoren sus tiempos de desplazamiento.

«Nos ha dicho que estamos desperdiciando energía en movimientos innecesarios», explica uno de los jugadores. «Luego nos ha enseñado una cosa con las piernas y hemos estado cinco minutos sin entender qué hacía. Pero funcionaba.»

El misterioso técnico también ha reorganizado las posiciones defensivas y conseguido que algunos jugadores se mantengan a flote durante más tiempo de lo habitual. Nadie sabe exactamente cómo lo hace. «Se queda mirando», explica otro internacional «y de repente sabes que lo estás haciendo mal».

Ibáñez niega que exista ningún conflicto de competencias. «Él sabe mucho de agua y yo sé mucho de equipos», ha declarado el seleccionador. «Nos complementamos.» Ayer, durante el entrenamiento, el misterioso técnico consiguió que el conjunto completara una jugada de ataque sin que nadie perdiera el balón, y 'Bronco' Ibáñez lo celebró, lejos del agua, como si hubieran ganado una final.

Les seré sincero: hasta ayer, estaba convencido de que nuestra selección no sería capaz ni de salir de las duchas del estadio, pero ahora creo que podemos hacer un buen papel, como por ejemplo perder solo 5-0 con el Vaticano.

DIARIO INTERESTELAR DE MUN. DÍA 11 DE AGOSTO TERRESTRE OTRA VEZ, PERO MÁS TARDE
El comandante Vrak y yo nos despertamos ayer en el barco Eclipse Total Party Boat con el estómago vacío y la moral intacta, circunstancia que he interpretado como un buen augurio para la jornada. Los humanos Rafa y Núria dormían en otra zona de la bodega, en posiciones que mi tablilla identificó como 'intercambio de calor metabólico durante el reposo, método primitivo de calefacción con altos niveles de serotonina'. Decidimos no despertarles. Vrak considera que los humanos necesitan más horas de descanso que nosotros porque sus cuerpos son ineficientes, y yo le he respondido que quizá simplemente disfrutan del reposo, a lo que él ha contestado que eso es exactamente lo mismo.
Antes de que pudiera abrir mi primera agua con gas de la mañana, Vrak ha maldecido el nombre de Betelgeuse y la constelación de Andrómeda. Eso significa un problema serio, porque él suele guardar silencio cuando algo le incomoda.
Me ha informado de que los buñuelos se habían acabado 'Y estoy seguro de que me había dejado tres para el desayuno. Han sido los humanos, no solo son ineficientes, sino también glotones'.
Hemos determinado la misión de ir a comprar más, 'Pero los del bar de la esquina no, que esos no valen, los del sitio que está un poco más lejos'. Desprovistos de cualquier tipo de disfraz y vestidos con ropas humanas, hemos salido a cumplir con nuestra misión. Al pasar junto a un edificio que mostraba el cartel de 'Polideportivo municipal', mi tablilla de piedra ha empezado a emitir señales, seguido de un sonido silbante proveniente del edificio.
Aunque le he recordado que teníamos una misión previa (buñuelos), Vrak me ha dicho que debíamos dividirnos. Yo cumpliría la misión Uno (buñuelos), de naturaleza sencilla, y él la misión Dos (investigar alerta por sonido silbante). Tras darme estas instrucciones, tomó los créditos terrestres que le ofrecí y se encaminó hacia la instalación deportiva con su pistola de agua al cinto.
En la churrería había una cola de seis personas, circunstancia que interpreté como indicador de calidad. Me puse en la fila, con la tablilla de piedra preparada para tomar notas sobre el comportamiento de los clientes, y fue entonces cuando lo vi: El inspector Soler estaba tres personas delante de mí. Simplemente esperaba, con las manos en los bolsillos, mirando hacia la vitrina de la churrería con una expresión que he catalogado como 'expectativa contenida, subtipo hambriento'. Llevaba una camiseta de rayas horizontales que no le favorecía, y unas sandalias que mi tablilla identificó como 'calzado de playa, uso inadecuado en entorno urbano'.
Consideré que mi presencia allí, a tres personas de distancia, constituía una coincidencia estadísticamente interesante. Las probabilidades de que el único humano que nos persigue en toda la Comunitat Valenciana y yo eligiéramos la misma churrería a la misma hora del mismo día eran, según mis cálculos, de 1 entre 23.847. He anotado el dato para incluirlo en mi estudio sobre la "ley de la atracción involuntaria" que parece regir gran parte de las interacciones humanas. Me debatía entre huir para evitar ser interceptado y quedarme a cumplir la Misión Uno, pero no tuve elección: Soler se volvió y me reconoció.
No fue un reconocimiento inmediato, el proceso completo tuvo tres fases: primero, la ceja izquierda se elevó tres milímetros; segundo, la boca se abrió ligeramente; tercero, la mano derecha se movió hacia la cadera, donde mi tablilla había detectado anteriormente la presencia de una funda de plástico con forma de pistola, aunque estaba vacía.
—Tú —dijo Soler.
—Yo —confirmé, porque en situaciones de estrés los humanos parecen valorar la confirmación de lo evidente.
—La tablilla —dijo, señalando mi piedra—. Eres el de los dibujitos.
Soler no me detuvo con violencia. Me tomó del brazo, sí, pero con una firmeza que he catalogado como 'moderada, con reservas'. Me dijo que tenía que acompañarlo. Le pregunté si podía llevarme los buñuelos. Me dijo que no. Le pregunté si al menos podía tomar nota de la situación en mi tablilla. Dijo que sí, que eso sí, que la tablilla le parecía que 'molaba un montón'.
Durante el interrogatorio posterior han aparecido tres delitos que, según entiendo, se me atribuyen de manera acumulativa: presunta implicación en un asunto de drones militares que sigo sin comprender; sustracción de un cable de cobre que jamás he visto ni necesitado, y usurpación de identidad de una estatua humana viviente, esta última basada, según Soler, en la denuncia de varios turistas que me confundieron con una durante mi breve inmovilidad frente al escaparate de la churrería mientras calculaba la probabilidad mencionada. He intentado explicar que no soy una estatua ni pretendía serlo, pero Soler ha señalado que eso es exactamente lo que diría una estatua si pudiera hablar.
Soler me ha tratado correctamente durante mi estancia en el retén. Me ha proporcionado agua, comida y una silla que no era especialmente cómoda, pero que parecía diseñada para que nadie quisiera permanecer sentado demasiado tiempo. Entonces ha sucedido la escena que he descrito anteriormente y, cuando la noche nos ha cubierto con su delicado manto, Soler se ha quedado dormido sobre el escritorio. He aprovechado para hacerle un retrato que he imprimido y dejado con delicadeza encima de la incómoda silla.
De madrugada he hablado con la cerradura. No entraré en detalles del método, salvo para señalar que los mecanismos humanos, a diferencia de los humanos mismos, no hacen preguntas incómodas si uno se dirige a ellos con el vocabulario correcto. Es cierto que he hablado con ella toda la madrugada para convencerla de que mi estancia allí no beneficiaba a nadie, pero al final me ha dejado salir. Ojalá los humanos tuvieran más tiempo para hablar con sus cosas. Aprenderían mucho.
Hay una palabra para esto, fuga, que los seres humanos llevan asociando a una connotación negativa desde hace siglos, aunque en mi caso se trata simplemente de reincorporarme a mis obligaciones con la misión. Vrak estará de acuerdo conmigo en este punto, cuando se lo explique.
He regresado al barco y he encontrado a Núria y Rafa, que estaban terminando de hacer unos carteles con un tosco dibujo de mi cara y la palabra DESAPARECIDO, aunque Rafa insistía en que debía decir SE BUSCA porque, según él, sonaba «más serio y más digno».
Núria le ha contestado que lo apropiado sería poner SE OFRECE RECOMPENSA, a lo que Rafa le ha preguntado de dónde iban a sacar el dinero de la recompensa. Núria ha dicho que podían pedirle a Maribel que subiera la cuota de la AVUI, pero que entonces tendrían que contarle todo el pastel, y no es plan.
No he interrumpido la conversación. Me ha parecido más prudente observar en silencio durante un rato más antes de anunciar mi regreso, sobre todo porque, si los carteles ya estaban casi terminados, cabía la posibilidad de que el inspector Soler los viera antes de que yo pudiera explicarle que lo de la fuga había sido, en realidad, un malentendido de carácter administrativo. Le estoy cogiendo cariño al Inspector, y no quisiera dar un mal paso en nuestra relación.
Ambos me han brindado la forma de contacto humana llamada abrazo, y he tenido que desplegar mis dos extremidades superiores para corresponder.
—Pensábamos que te habíamos perdido y no te podríamos encontrar —dijo Rafa.
—Me he encontrado yo solo. ¿Dónde está el comandante? Temo que se enfade conmigo por no traer los buñuelos.
Me explicaron que seguía en el polideportivo, que había estado allí todo el día anterior y se había vuelto a ir por la mañana. Allí lo encontré, corrigiendo la brazada de un jugador y sin signos aparentes de haberme echado de menos, lo cual no me ha sorprendido: he comprobado que llevaba catorce horas seguidas dedicado por completo al waterpolo, sin registrar mi ausencia como una variable relevante.
Le he preguntado si había reparado en que no había vuelto en toda la noche y me ha contestado que el equipo había mejorado mucho los cambios de ritmo. Se ha limitado a decirme que ya era hora de que volviese y ha continuado corrigiendo la posición de brazos de un jugador que, según sus palabras, 'Desperdicia demasiada energía en insistir en flotar cuando lo que tiene que hacer es avanzar. Además, esta piscina es evidentemente inadecuada, deberían buscar unas instalaciones mejor preparadas'.
Un individuo en chándal rojo, con profundas entradas en el pelo, bolsas bajo los ojos y frondoso bigote rizado se ha acercado a nosotros. Se ha presentado como 'Bronco' Ibáñez, seleccionador español de waterpolo para los Juegos del Mediterráneo 'Son como las olimpiadas, pero de andar por casa', ha aclarado. He notado que llevaba al cuello un silbato brillante, sin duda el causante de las perturbaciones del día anterior.
Me ha preguntado si yo también soy un máquina en este deporte, a lo que Vrak le ha contestado que no, que es un simplemente un amigo. He notado que durante todo el intercambio 'Bronco' Ibáñez se ha mantenido a una distancia prudencial del bordillo de la piscina, desde el cual Vrak daba las órdenes.

Cuando 'Bronco' se ha retirado, le he insistido a Vrak si había echado en falta mi presencia durante mi estancia en el retén, y me ha contestado que había estado ocupado. No sé si esto constituye una respuesta afirmativa o una manera educada de evitarla. Añado esta cuestión a mi lista de comportamientos pendientes de análisis, que empieza a ser considerable, pero hay algo claro: Vrak se está humanizando.
No sé si esto es bueno o malo para la misión.
Le he recordado que mañana es el eclipse y que debemos conseguir el primer componente del catalizador. Vrak ha mirado a los jugadores de la piscina.
—Esos muchachos sin mí se van a hundir.
Le he explicado que probablemente podrían sobrevivir unas horas sin él, y aunque no ha parecido convencido, se ha vuelto conmigo al barco. Creo que abandonar a su equipo le va a resultar más difícil al comandante que obtener el catalizador.