

08:07 — Núria: ¿Estás despierto?
08:08 — Rafa: Sí.
08:08 — Núria: Maribel me ha escrito otra vez.
08:09 — Rafa: A mí también.
08:09 — Núria: ¿A ti qué te ha dicho?
08:10 — Rafa: RAFA.
08:10 — Núria: A mí: NÚRIA.
08:10 — Rafa: Está enfadada.
08:11 — Núria: No. Está nerviosa.
08:11 — Rafa: ¿Cómo distingues una cosa de la otra?
08:12 — Núria: Los signos de puntuación.
08:12 — Rafa: ¿Ha puesto muchos?
08:12 — Núria: Ninguno.
08:13 — Rafa: Entonces está muy nerviosa.
08:13 — Núria: Exacto.
08:15 — Núria: Me ha preguntado dónde estamos.
08:15 — Rafa: ¿Le has contestado?
08:16 — Núria: No.
08:16 — Rafa: Bien. Y ahora qué vamos a hacer.
08:17 — Núria: Quiero averiguar qué son esos dos antes de que Maribel los encuentre.
08:18 — Rafa: Pues precisamente.
08:18 — Núria: ¿Qué?
08:18 — Rafa: Que si Maribel los encuentra antes que nosotros, nos va a tocar explicarle por qué llevamos dos días siguiendo a dos tíos que probablemente son extraterrestres y no le hemos dicho nada.
08:19 — Núria: No son probablemente extraterrestres.
08:19 — Rafa: ¿Ah, no?
08:20 — Núria: El detector no falla.
08:21 — Rafa: ¿Tú crees que son extraterrestres?
08:23 — Núria: Creo que si no lo son, la explicación alternativa es muchísimo más complicada.
08:23 — Rafa: Eso es un sí.
08:24 — Núria: Es una hipótesis.
08:24 — Rafa: Un sí científico.
08:25 — Núria: Eso no existe.
08:26 — Rafa: ¿Y qué hacemos con Maribel?
08:27 — Núria: Nada.
08:27 — Rafa: ¿Nada?
08:27 — Núria: De momento.
08:28 — Rafa: Vale. A mí me ha escrito que debo la cuota y los intereses de retraso.
08:29 — Núria: Espera, me está escribiendo.
08:29 — Rafa: ¿Muchos signos?
08:30 — Núria: Tres interrogaciones.
08:31 — Núria: Dice que Amanda y Vicente salen hacia Castellón.
08:33 — Rafa: Entonces tenemos un problema.
08:33 — Rafa: Amanda no se va a quedar mirando.
08:34 — Núria: Y Vicente va a hablar.
08:34 — Rafa: Mucho.
08:34 — Núria: Muchísimo.
08:35 — Núria: Deben estar a punto de llegar, voy a decirles que nos vemos en el puerto.
08:36 — Rafa: Pues ya está. Nos encontramos con ellos y les decimos la verdad.
08:37 — Núria: ¿Toda?
08:38 — Rafa: No. Les decimos que hemos encontrado a los dos sujetos.
08:39 — Núria: Eso ya es bastante verdad.
08:39 — Rafa: Y que estamos intentando averiguar qué quieren.
08:40 — Núria: Eso también.
08:40 — Rafa: Y que todavía no llamemos a Maribel.
08:43 — Núria: Otro mensaje de Maribel. "Como no me contestéis antes de las doce, voy yo".
08:45 — Rafa: Pues tenemos hasta las doce.
08:45 — Núria: Son las ocho cuarenta y cinco.
08:46 — Rafa: Tenemos tres horas.
08:50 — Núria: Vale. Puerto de Castellón.
08:51 — Rafa: Y una cosa.
08:51 — Núria: ¿Qué?
08:52 — Rafa: Lleva agua.
08:52 — Núria: Ya llevo.
08:52 — Rafa: Yo llevo bocadillos
08:57 — Núria: ¿De qué?
08:58 — Rafa: No importa.
08:58 — Núria: Si es tortilla con cebolla, no me lo digas.
08:59 — Rafa: No es tortilla con cebolla.
08:59 — Núria: Bien.
09:00 — Rafa: Son de atún.
09:00 — Núria: Peor.
09:01 — Rafa: No sabía que había que aprobar el bocadillo.
09:01 — Núria: No hay que aprobarlo.
09:02 — Rafa: Vale.
09:02 — Núria: Pero la próxima vez pregúntame.
09:03 — Rafa: ¿Para comprarme un bocadillo?
09:03 — Núria: Para no comprar atún.
09:04 — Núria: Nos vemos en el puerto.
09:05 — Rafa: Ok.
09:05 — Núria: Y Rafa.
09:05 — Rafa: Qué.
09:05 — Núria: No llames a Maribel
09:06 — Rafa: No iba a hacerlo. ¿Y tú?
09:06 — Núria: Tampoco
Necesitábamos un nuevo disfraz. El de astronauta había demostrado ser contraproducente: el agente Soler nos había localizado precisamente por él, lo cual sugiere que los trajes espaciales no son, en este planeta, una forma de pasar desapercibido, sino todo lo contrario. Paradoja que anoto para investigación futura, a pesar de que según el comandante Vrak no merece la pena investigarlo, y que simplemente 'Los humanos son idiotas' (sic).
Encontramos una tienda llamada 'Recuerdos de España / Souvenirs / Gifts / Recargas de móvil / Apuestas deportivas / Consigna'. El establecimiento ofrecía una selección de objetos que, según dedujimos, representan la esencia cultural del lugar: toros de plástico, guitarras en miniatura, botijos con forma de Guardia Civil, y dos disfraces completos que el dependiente describió como 'lo más español que hay'.
Uno era de torero. El otro era de lo que el dependiente llamó 'folclórica', aunque no supimos identificar exactamente qué folclore representaba. Cuando le preguntamos nos dijo que 'Pues cuál va a ser, el de aquí'. Le preguntamos si los toreros y las folclóricas eran sujetos abundantes y fácilmente reconocibles. Nos dijo que antes había más. Le preguntamos si es que ahora había muchos menos. Guardó silencio un momento y dijo que sí, que ahora menos, y que eso era una pena. Se ofreció a cantarnos 'Marinero de luces' y 'Como una ola' para completar nuestra inmersión en el folclore español, pero le contestamos que hacía poco que habíamos desechado la idea de aprender los oficios de la mar, pero que a lo mejor en otra ocasión.
El comandante Vrak eligió el de torero porque incluía una espada, aunque de plástico. Yo me quedé con el de folclórica porque el vestido tiene lunares y los lunares me parecen una forma de comunicación no verbal muy completa. Y porque incluía una flor muy grande de plástico.
Todavía queda una escena larga en este capítulo. Si te está gustando la historia, es el momento de que la compartas con alguien al que creas que también la disfrutará.
Comparte Agosto.Amanda Sierra lleva ya un buen rato recorriendo el muelle de Castellón preguntando por barcos. Busca especialmente los que vayan a hacer el trayecto hacia las Columbretes antes del eclipse, por si se entera de que los dos sujetos que busca se han apuntado. Pero el puerto está tomado por astrónomos, universidades, institutos y grupos de aficionados que llevan meses haciendo reservas: es imposible que hayan encontrado un pasaje en los últimos días. Hasta hay un crucero temático, el Eclipse Total Party Boat, con DJ incluido. No quiere saber qué clase de persona necesita un DJ para observar un eclipse, pero piensa escribir un artículo furioso en el próximo boletín de la AVUI sobre el tema.
A unos metros de ella, una nube de turistas se agolpa alrededor de dos personajes que llaman bastante la atención. Pasa de largo sin reparar en ellos porque hay demasiada gente haciéndose fotografías: 68, un nuevo récord.
El dueño del bar donde se habían sentado se acerca a ellos cuando el último turista se aleja.
—Oye, ¿vosotros estáis libres esta tarde?
Mun lo mira con cautela.
—¿Para qué?
—Para estar aquí. Con los turistas, haceros fotos, y esas cosas. Yo os pago.
—¿Quiere darnos dinero por sentarnos en su terraza? ¿Por qué?
—Porque sois un reclamo turístico.
El hombre señala a la multitud que se aleja y le dice una cantidad. Mun hace un cálculo rápido. Es una cantidad razonable por permanecer quieto y dejar que los humanos se fotografíen con ellos.
—Aceptamos.
—Creo que nos hemos integrado —dice Vrak cuando el hombre se aleja—. Quieren hacerse fotos con nosotros, pero nadie nos quiere detener.
—Eso significa que los humanos ya no sospechan.
—Además, me gusta mucho la espada, y la montera tiene el tamaño perfecto para taparme el tercer ojo.
—Es cierto, comandante. Pero creo que mantener la pistola de agua con el disfraz de torero no es muy digno.
Vrak sopesa deshacerse del arma, pero desecha la idea rápidamente. Además, tienen otras preocupaciones: resulta imposible encontrar un barco que les lleve a la posición del catalizador, y si sus mediciones son correctas, solo tienen dos días para obtenerlo.
Le dice a Mun que pida una bandeja de buñuelos para que se le pase el disgusto. Y que ni se le ocurra mojar ninguno de ellos en su agua con gas.
Rafa es el primero en verlos. Cuando se lo hace notar a Núria, esta saca el detector.
—Son ellos —dice Núria.
—Claro, los he visto yo.
—No. Quero decir que son ellos. Mira el detector.
—Núria, podría estar media hora mirando los numeritos y gráficos del detector, y seguiría sin entender nada.
Núria le enseña las lecturas. Es la misma señal que lleva siguiendo desde Gandia, València y Calp, delante de ellos.
—O son dos extraterrestres, o son dos turistas nórdicos que llevan encima alguna cosa de origen extraterrestre —dice ella.
Rafa vuelve la mirada hacia los dos desconocidos, que en ese momento están siendo asediados por un grupo de japoneses. Mun le está explicando amorosamente a una niña que no, la flor no se la puede dar porque forma parte del traje y que no, no sabe mover la bata de cola tan bien como Lola Flores, sobre todo porque no sabe quién es Lola Flores. Vrak, por su parte, está realizando movimientos erráticos con el capote a petición de los turistas. Interpreta que el pase de pecho consiste en envolverse con el capote como el capullo de un gusano de seda, arte que hace prorrumpir en aplausos al grupo, que les deja unas monedas y se marcha.
—Entonces son extraterrestres.
Núria tarda unos segundos en responder.
—Sí. El detector no falla.
—Llevas tres días diciendo que había explicaciones alternativas.
—Las había.
—¿Y ahora?
Núria vuelve a mirar la pantalla.
—Ahora son muchísimo más complicadas.
Rafa asimila la información mientras contempla a Mun, que consulta algo en su tablilla de piedra.
Durante unos segundos ninguno sabe qué hacer con aquella certeza. Han pasado días siguiendo una pista que parecía absurda y ahora tienen delante a dos seres que, a todas luces, no pertenecen a la Tierra.
—Tenemos que hablar con ellos —dice Núria.
—¿Y si son peligrosos?
Observan a Mun, que está ensayando unos torpes pasos de sevillanas mientras Vrak murmura '¿Cómo que cómo me las maravillaría yo? Eso no tiene sentido'.
—No parecen peligrosos.
Se acercan. Mun los reconoce enseguida: mira a Núria, después a Rafa y finalmente al detector.
—Sois vosotros.
—¿Nos conocéis? —pregunta Núria, sorprendida.
—Conozco ese aparato. Nos ha dado bastante guerra.
Rafa mira a Núria.
—Creo que sabe más de nosotros que nosotros de ellos.
Vrak se acerca y al ver que no le piden una foto a Mun, los identifica como una amenaza y les dispara con su pistola de agua. Después de la sorpresa inicial, les pregunta si son policías. Rafa dice que no. Mun quiere saber entonces si son astronautas, cosa que también niegan. Vrak les pregunta si son científicos, y Núria confirma que ella lo es. Cuando le pregunta a Rafa, responde que periodista.
—¿Es peligroso?
—Depende —dice Rafa.
—¿De qué?
—De si tenéis algo que ocultar, como un plan maléfico para someter a nuestros líderes y exterminar a la humanidad.
Mun y Vrak se miran. Núria decide ahorrarle tiempo a todo el mundo.
—Sabemos que no sois de aquí.
—Que no sois de la Tierra —añade Rafa.
Los dos extraterrestres intercambian otra mirada. Núria explica que el detector lleva varios días siguiendo una señal que aparece siempre cerca de ellos. Quiere saber qué buscan y por qué la señal se desplaza.
—Comandante —dice Mun—. Solicito permiso para explicar nuestra misión a los dos humanos entrometidos. Creo que vienen en son de paz y que podrían ser de ayuda. Además, el varón no parece muy espabilado, no creo que lo comprenda del todo y es inofensivo.
Rafa intenta protestar, pero Núria no se lo permite. Vrak accede, total, ya no les puede pasar nada peor: que se lo diga rapidito, y que si no pueden ayudarlos que se marchen, que él va a aprovechar para entrar al baño a recargar la pistola de agua y que en cuanto salga se van a seguir buscando un barco.
Mun les explica que necesitan encontrar cinco componentes para reparar su nave y regresar a casa, a saber:
1. Núcleo de resonancia primaria
2. Catalizador salino profundo
3. Filamento conductor orgánico
4. Oscilador de frecuencia corta
5. Módulo de orientación recalibrado
El Catalizador salino profundo está en las islas Columbretes, a unos 80 metros de profundidad. Se trata de una filtración de agua de origen volcánico que se extinguirá en breve. Si no lo consiguen en dos días, tendrás que desplazarse al volcán Eyjafjallajökull, y la red de Rodalies es potente, pero no llega a Reykjavík. Además, hay un policía que les busca para detenerlos.
Rafa mira hacia el puerto. Ve a Amanda, con la que han quedado y que sigue preguntando por embarcaciones unos metros más allá.
—Está bien, os ayudaremos. Y no le diremos a nadie quiénes sois —dice Núria.
—¿Tenéis un barco?
—No.
—¿Y cómo vais a ayudarnos?
—No tenemos ni la más remota idea —se sincera Rafa—. La verdad es que nuestro plan solo era encontraros, no sabíamos qué pasaría después. Pero vamos a hacer todo lo que podamos.
—Entonces somos aliados —dice Mun, aliviado, justo cuando Vrak vuelve a la terraza.
—Provisionales —aclara Núria.
Mun anota la precisión en su tablilla.
Amanda ve a sus compañeros de la AVUI junto a los individuos disfrazados. Se acerca a ellos, y cuando ve a Vrak y Mun saca el acta de la última reunión donde se les describe para comprobar si son ellos.
—¿Los habéis encontrado?
Núria decide que no tiene sentido mentir sobre eso.
—Sí.
Amanda la mira con una mezcla de satisfacción y reproche.
—¿Y cuándo me lo ibas a contar?
—Ahora.
Rafa interviene antes de que la conversación avance por un camino peligroso.
—Acabamos de encontrarlos. Te vas a reír, resulta que son dos investigadores escandinavos de una asociación igualita que la nuestra. Llevan muestras de rocas lunares y polvo de los anillos de Saturno, por eso el detector de Núria pitaba tanto.
Núria se admira de la agilidad y desfachatez de Rafa. Amanda vuelve a mirar a Mun y Vrak, que parecen perfectamente tranquilos, aunque uno lleva un traje de torero y el otro un vestido de folclórica.
—¿Y qué hacéis vestidos así?
Mun responde con absoluta seriedad:
—Nos estamos integrando.
Antes de que Amanda pueda seguir preguntando, Rafa dice:
—Están especializados en fenomenología electromagnética, y están como locos buscando un barco para ver el eclipse en alta mar.
—Pues van listos. No queda un barco libre hasta el día doce.
Les explica la situación: todo el puerto está reservado por el eclipse. Las embarcaciones llevan meses comprometidas con agencias astronómicas, universidades, institutos y grupos de aficionados. Hay incluso un crucero temático con DJ incluido.
—El Eclipse Total Party Boat —dice Amanda—. Es ese de ahí que está un poco destartalado. La verdad es que hay que tener valor para subirse en semejante cacharro, si le están soldando el casco en estos momentos, fijaos.
—No pienso subir a un barco que se llama así —dice Rafa.
—Yo tampoco —responde Núria.
Mun interviene:
—¿Nos acompaña, estimada colega? Precisamente iba a pedir otra ronda de agua con gas.
Amanda se sienta con ellos y mira el móvil, que acaba de sonar. Es Vicente 'el Avistamientos', que hace más de tres cuartos de hora le había dicho que echa gasolina y acude. Amanda le da la ubicación y al poco aparece con dos bolsas de plástico en la mano.
Amanda se vuelve hacia él.
—¿Dónde estabas?
—Comprando.
—¿Casi una hora?
—Tú no sabes la de cosas que hay en una gasolinera.
Amanda le quita la bolsa y mira dentro. Hay chicles, una revista de coches, una taza de Mickey Mouse (Para mi sobrino, aclara Vicente), aceite de motor, dos ambientadores de pino, un casette con los mejores chistes de Arévalo, comida para gatos y un queso en porciones.
—¿Esto es lo que has estado haciendo?
—También he mirado un poco las ofertas.
Vicente recupera la bolsa y se acerca al grupo.
—¿Qué me he perdido?
Amanda señala a Mun y Vrak y le pone al corriente de la coartada que ha improvisado Rafa.
—Ah —dice Vicente mirándolos, y se acerca un poco más—. ¿Son los que estábamos buscando?
—Sí —dice Amanda.
—Pues no tienen pinta de suecos.
—No somos suecos —responde Mun.
—Ya me parecía.
Vicente abre el queso en porciones y se lo ofrece a Vrak, que lo acepta con cautela. Lo estudia durante unos segundos con la tableta y decide que no le sirve como ninguno de los cinco componentes. Pero está rico.
—Mi primo tiene un barco. El Eclipse Total Party Boat.
—¿Tu primo es el del barco con DJ? —dice Rafa—. ¿Y puede llevarnos a las Columbretes?
—Eso habrá que preguntárselo.
Vicente saca el móvil y llama a su primo. Le explica la situación mientras los demás esperan. La conversación dura varios minutos porque al barco le están haciendo reparaciones. Además, le están instalando un sound system 'que pega un trueno'. El barco está completo, pero Vicente insiste. Le promete que le harán socio de la AVUI y que pondrán publicidad de su empresa en el próximo boletín. Finalmente, Vicente recurre al chantaje familiar, y su primo les asegura cuatro pasajes a la hora del eclipse, ya verá a quién echa del barco.
—Perfecto, somos cuatro los que tenemos que ir —dice Núria.
—Bien. Pues ahora tenemos que informar a Maribel —dice Amanda—. Y tenemos que empezar a preparar la reunión del día quince. Hay que organizarlo todo, hacer las acreditaciones, y vosotros —señala a Mun y Vrak— tendréis que venir.
Vrak se queda muy quieto.
—¿A dónde?
—A la reunión de la AVUI.
Vrak mira a Mun. Mun mira a Vrak.
—¿Es una reunión científica? —pregunta Vrak. Amanda sonríe.
—Más o menos.
Los extraterrestres aceptan, y Amanda y Vicente se alejan por el muelle con la promesa de verse el día 15 en el Desert de les Palmes.
—¿Investigadores escandinavos especializados en fenomenología electromagnética? —dice Vrak.
—Bueno, nuestros problemas ahora son otros. Lo primero, os tenéis que quitar le disfraz. Nos os hace falta, creedme. Y lo segundo, tenemos que encontrar dónde ocultaros del policía hasta el día del eclipse.
Rafa mira el Eclipse Total Party Boat y sonríe.
—Tengo una idea.
Si alguien te ha enviado esta carta, visita el archivo para leer desde el principio.
La verdad está ahí fuera