El paso del cometa
Las preferidas

Sal·le

Marco
Sal·le
Entrar para salir y viceversa. Autoría irrastreable
No me gusta nada esto de romantizar los significantes solo porque son bellos. La aliteración casi analógica de bolboreta (mariposa en gallego) es una delicia, pero de ahí a que sea mi palabra favorita hay mucho trecho. Tampoco me gusta romantizar los significantes. Y mucho menos en tiempos en los que palabras tan bonitas como 'manada' o 'libertad' están secuestradas por la canalla.

Y ni hablemos de romantizar la etimología, porque hay gente que se cree que cuando decimos rival estamos todos pensando en aquel que está al otro lado del río. Esta romantización ocurre mucho con lenguas minorizadas como el euskera o el lituano en las que cada sabías que… etimológico se convierte automáticamente en símbolo del carácter y la cosmovisión de un pueblo milenario.

Las palabras que me sulibellan son las que viven en los márgenes de la legalidad gramatical u ortográfica, como romantizar, ¿anglicismo? que aún no recoge la RAE; como la palabra crees que se pronuncia distinto dependiendo de si es indicativo del verbo creer o subjuntivo del verbo crear (¿Tú qué cres? vs. No me creees más problemas); como la tripitiva malllamada (la malllamada inteligencia artificial)…

Pero sin duda la que se lleva la palma es el célebre sal·le (por escribirla de algún modo), el imperativo imposible de escribir según las reglas del juego de la ortografía española, como descubrió el blog Un arácnido una camiseta hace ya 15 años. Ante esta singularidad ortográfica la RAE se encogió de hombros y admitió que había un bug en el castellano, pero no ofreció una solución a toda esa gente que a diario está conminando por escrito a otres a que le salgan al paso, le salgan con excusas o le salgan al encuentro a nosequién.

En un alarde de exhaustividad, la Wikilengua recoge 31 posibles grafías entre las que se encuentran alternativas tan hermosas y rocambolescas como salhle, sálele o sal\le y pormenoriza los pros y contras de cada una.

Ante el abandono del legislador asgámonos a las certezas del maquetador. Atentes, que se viene TRUCAZO. Si tienen sí o sí que incluir el ominoso imperativo en su texto, asegúrense de que el personaje diga "¡Rápido! ¡Sal-
le al paso!" a final de renglón. Esta argucia legal nos dará para aguantar hasta que decidamos de una vez por todas tomar por la fuerza el palacio de invLA RAE.

Este texto se publicó en la carta ☄ #2 Resplandor.

Marco es amigo de sus amigos y de la provincia de Valladolid