No, si yo me quiero ir. Pero... ¿cómo?
Te voy a pedir que te pongas en una situación un poco incómoda: estás en un lugar, pongamos que en una fiesta. No estás mal, pero la verdad es que no te apetece estar ahí, a ti lo que te gustaría es volverte a casa y estar contigo mismo. No es exactamente fobia social y temes ofender a las personas que te han invitado o con las que estás compartiendo el momento. Empiezas a pensar qué sería mejor, si inventarte una excusa o irte sin decir nada para evitar esta incómoda situación con tus amistades o anfitriones:
—Oye, yo me voy ya para casa.
—¿Ya? Pero si acabas de llegar.
—Sí, no me encuentro bien / A mi perro lo han abducido los extraterrestres / Me acabo de acordar que tengo el puchero al fuego.
Es muy fácil que tus interlocutores te insistan y, como te conocen, sepan que estás poniendo una excusa. Es una sensación que cualquiera ha experimentado, así que todo sería más fácil si pudieras explicarlo de manera sintética. Vamos allá.
Antes de formar la palabra, corre por ahí la especie de que 'drapetomania' significa 'la necesidad imperiosa de salir corriendo'. Realmente, es un término que en el siglo XIX se inventó un médico para explicar que los esclavos que querían escaparse tenían una enfermedad mental. De hecho, el término está construido con las palabras griegas 'esclavo' y 'locura'. Para desquitarnos, vamos a hacer la nuestra también con el griego.
Por un lado vamos a coger el verbo griego ἀδημονέω (adēmonéō), que significa estar agobiado, tener una gran aflicción.
He estado buscando palabras que indiquen soledad, y pensando con qué partículas los iba a modificar para darle un matiz u otro, pero he encontrado una palabra que le da rotundidad al término sin necesidad de mayores añadidos: μονάζω (monázō), que es estar aislado o vivir solo y tiene una sonoridad inapelable en castellano. Se hace con el verbo μόνος, que no hace falta que te explique qué es, y la partícula -άζω, que se le añade al verbo para indicar tener la condición de/comportarse como. Con ademoneo y monazo (aunque no lo parezca, NO son de la misma familia) tenemos el ademonazo: necesidad repentina de abandonar un lugar para estar solo en otro, habitualmente el hogar propio.
La conversación nos quedaría así:
—Oye, yo me voy ya para casa.
—¿Ya? Pero si acabas de llegar.
—Es que me acaba de dar un ademonazo tremendo.
—No me digas más, te pido yo el taxi.
La definición quedaría así
Ademonazo
Del gr. ἀδημονέω (adēmonéō) ‘estar afligido, agobiado’ y μονάζω (monázō) ‘vivir solo, aislarse’.
1. m. Necesidad repentina e intensa de abandonar un lugar o situación social para retirarse, especialmente al propio hogar.
A mitad de la cena me entró un ademonazo y pedí un taxi.
2. m. Sensación de saturación social que impulsa a buscar aislamiento sin que medie necesariamente tristeza, enfado o conflicto.
No estaba incómodo ni aburrido; simplemente tenía ademonazo.
3. m. coloq. Deseo súbito de marcharse de una reunión para recuperar la tranquilidad personal o el silencio.
Le dio un ademonazo en plena fiesta y desapareció sin despedirse.
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Ademonazarse
1. prnl. Sentir un ademonazo.
Se ademonazó después del segundo brindis.
2. Retirarse de un entorno social movido por la necesidad de estar solo.
En cuanto empezó la música alta, se ademonazó y volvió a casa.
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Ademonázico, ca
1. adj. Perteneciente o relativo al ademonazo.
Ese cansancio ademonázico de las bodas interminables.
2. Que muestra tendencia a experimentar ademonazos.
Siempre ha sido muy ademonázico con las multitudes.