El paso del cometa

☄ #5 Acuérdate

16/06/2026
☄ #5 Acuérdate

«Chica con un remo», escultura de Ivan Shadr en el parque Gorki

Hola, persona que a veces se olvida de la palabra que estaba a punto de decir. En esta carta hay 3120, aunque tiene un poco de truco: hoy, la preferida es en valenciano. Como no todo el mundo tiene la fortuna de hablar la lengua de Ausiàs March, me he permitido traducir el texto justo debajo del original, pero creo que se entiende bien en valenciano. La persona que lo ha escrito, además, tiene una habilidad particular para hilar palabras y elegir siempre las más bellas.

Me parece que ya te he contado que soy un gran enemigo de la nostalgia, creo que te da poco y te quita mucho; a pesar de eso, hoy te traigo una de las etimologías que suele aparecer en los listados de 'palabras bonitas', la de recordar, y con ella otras palabras relacionadas con la memoria. Te voy a contar unas cuantas cosas basándome en lo que recuerdo, así que algunas de ellas serán parcialmente falsas, otras un poco verdaderas y en los dos extremos vas a leer embustes y realidades incontrovertibles. Mi consejo es que te creas todo lo que te voy a decir.


La capacidad de recordar durante décadas y de fijar en la memoria cosas que ocurrieron cuando ni siquiera teníamos del todo desarrollada la autoconciencia es un don y una maldición del ser humano. Los chimpancés y los delfines pueden recordar individuos y sonidos durante veinte años, los elefantes tienen una gran memoria olfativa y social, los cuervos recuerdan rostros y son capaces de transmitírselos a sus congéneres. Son todo memorias parciales e incompletas.

Nosotros no podemos elegir, para nuestra desgracia, qué recordar y qué olvidar. En el mismo cajón de nuestro espíritu está guardada esa excursión con el colegio en la que nos hicimos pis encima y el primer beso que le dimos a la persona que más nos gustaba en el mundo. A veces buscamos en los archivos de la memoria dónde habremos visto la cara de quien se dirige a nosotros con tanta naturalidad y de la que no nos acordamos, y otras nos viene a la cabeza una imagen divertidísima en mitad de un entierro, frente a un tribunal de oposición, mientras escuchamos a alguien contarnos sus penas.

Desde un punto de vista pragmático, somos aquello que podemos recordar. No solo los conocimientos que volcamos en un examen o las habilidades que tenemos mecanizadas para desarrollar nuestro trabajo, sino también ese pequeño cofre del tesoro que son nuestros recuerdos felices y esa herida acechante que son todas las cosas miserables que nos han ocurrido y que no podemos abandonar sin más. Por eso una de las enfermedades más terribles es la que nos borra la memoria, porque sin recuerdos dejamos de ser quienes somos y nos vamos convirtiendo en una vaina vacía. Porque el conocimiento suele ser irreversible salvo que las neuronas decidan que ya no quieren hacer su trabajo.

Cuando Ifigenia, en la versión de Eurípides, quiere salvarse de ser asesinada, le ofrece a su padre una retahíla de recuerdos, le dice cómo se sentaba en sus rodillas, cómo el le prometió que sería dichosa y la primera entre los suyos. No le valió de nada, porque fue igual al altar de sacrificio. Para la Fedra de Séneca la memoria es trágica: el recuerdo de Hipólito la atormenta, y cuando se decide a traicionar a los suyos, recuerda constantemente su ascendencia cretense como una maldición de la que no puede escapar.

He cogido estos dos textos clásicos de los que me acuerdo, porque si empezara a buscar referencias de la memoria en la ficción no acabaríamos nunca esta carta. No quisiera ponerme más trágico, vamos con las etimologías, que te he prometido que hoy empezaban de una manera bonita y creo que te voy a volver a decepcionar.

Recordar

La palabra recordar se forma desde el latín con el prefijo re- (otra vez, de nuevo) y cordis (corazón). Lo habrás leído muchas veces: recordar es volver a pasar por el corazón. Para nosotros es una etimología poética, pero tenemos que tirar por tierra ese significado: la palabra no se forma de una manera sentimental, sino que los romanos (decir los romanos obviando que fue un imperio de mil años y de una extensión inabarcable es un poco reduccionista, pero tú me entiendes) situaban el pensamiento en el pecho, no en la cabeza.

El portugués y el italiano siguieron el mismo camino que nosotros, y vuelven a traer algo al corazón cuando recuerdan. En francés, 'me acuerdo' es Je me souviens, que los galos construyen con sub- (por bajo) y venire (venir, esta era fácil). 'Lo que nos viene desde abajo', como si la realidad se construyese desde el subsuelo hacia el cielo. Tiene cierto parecido con lo que hace el alemán, si digo Ich erinnere mich estoy 'haciendo venir algo al interior', para ellos lo importante no es lo que se recuerda ni qué camino sigue en nuestro organismo, sino que es algo externo. El inglés fue directamente a memor para hacer su remember, 'volver a traer a la memoria', desproveyendo a los recuerdos de viaje, origen o cualidades. Otra vez el inglés quitándonos la ilusión por vivir. Nosotros usamos ese memor para rememorar, que si bien viene en la RAE como sinónimo de recordar, es una gradación del recuerdo, lo utilizamos para recordar con intensidad.

Pagar con recuerdos

La memoria es tan importante que hay varias deidades dedicadas a ella. Los griegos tenían a la titánide Mnemósine, y aquí estuvieron finos, porque es la madre de las musas: el arte, la historia, la danza... parten todas desde la memoria.

Como ya sabes, Graecia capta ferum victorem cepit, los romanos vieron que el sistema de pensamiento, religión y filosofía de los griegos estaba muy bien montado, le hicieron un rebranding y se lo quedaron. A Mnemósine la renombraron como 'Moneta', y 'moneta' era uno de los atributos de la diosa Juno, 'Juno Moneta'. En ambos casos, parece que viene de monere, avisar. El templo de Juno Moneta estaba construido en la cumbre de una de las siete colinas de Roma, y allí mismo pusieron el equivalente a nuestra Fábrica de Moneda y Timbre. Todo el dinero que se acuñaba allí salía de la 'moneta', y de ahí nos ha llegado la palabra 'moneda'. Es posible que el dinero no huela, pero sí tiene memoria.

Mnemósine (derecha), capaz de ver todos los recuerdos del mundo, juzgándote fuertemente. Mosaico en Antioquía

Nostalgia

Ni Eurípides, ni Séneca, ni los acuñadores de monetas pudieron sentir nostalgia o, al menos, nombrarla. Tampoco Carlos V, ni Moctezuma, ni Juana de Arco, ni nadie nacido antes de la primera mitad del siglo XVII.

La nostalgia es un sentimiento tan universal que parece mentira que sea un término inventado hacia 1668. El médico suizo Johannes Hofer trataba, entre otros, a soldados suizos que servían como mercenarios en las diferentes campañas europeas de la época. Detectó en muchos de ellos una patología que definía como 'el deseo de estar en casa' o 'el sufrimiento por no estar cerca de los que quieres'. Como si fuera un cometista terminando de escribir su carta, cogió dos términos griegos: nóstos (regresar) y algía (dolor) para hacer 'nostalgia'. Así que por etimología sería algo así como 'el dolor por regresar', pero si nos queremos poner creativos, puede ser un dolor que regresa (por ausencia) o un dolor por no poder regresar. 

Recuérdalo la próxima que la sientas: los suizos nos han dado el secreto bancario, el chocolate, a Guillermo Tell y la nostalgia.

He cogido esta foto de Robert Frank para 'Nostalgia', no me preguntes por qué

Si no te está gustando la carta de hoy, puedes dejar de leer. Pero si la estás disfrutando, es el momento de esparcir la palabra

CorreoWhatsAppTelegramBluesky

Escàlem

La paraula favorita de Josep Vicent Miralles


Escriure és com vogar. Literalment, etimològicament. Cal un escàlem, un pal vertical que s’inserta en l’orla de l’embarcació per assegurar-hi el rem amb l’estrop.

Escàlem ve del grec kálamos, llatinitzat com calamus, literalment una canya, mullada en tinta o en suor, escata i aigua de mar. També en sang, segons com siga la singladura. Devem al poeta i navegant Tono Fornes, home que lluiria orgullós escàlem i càlams heràldics en el seu escut d’armes si tal cosa necessitara, la recuperació d’un insult valencià vell i molt precís: furtaescàlems. Aquell qui comet maleses de poc profit, però que ocasionen greus perjuís a qui les patix.

Així com l’escàlem es clava ferm i vertical per a ser l’eix sobre el qual pivota la força del rem lligat amb l’estrop, així el càlam es clava ferm i vertical en el paper per ser l’eix sobre el que pivota la força de la bellesa i de la idea. Deixants de bromera i deixants de paraules en testimonien l’avanç. El dolor és idèntic. La solitud és idèntica. També l’èxtasi del sol naixent i l’ombra fugaç del peix davall la quilla. Vogue per dibuixar-te en l’aigua, serà precís que ho diga.
  
Jo tinc dos escàlems de fusta d’olivera tallats i adobats per mon pare. El bot el va fer el uelo Pepe fa molt de temps baix d’un garrofer. Vogue i escric. M’estime més vogar.

Remo en la casa del poeta Tono Fornes con un verso de la Ilíada en él.

Josep Vicent Miralles és escriptor, editor i docent. És net d'un dels 'últims calafats de Xàbia, on viu. Cada vegada que pot, se'n va a la mar. El seu últim llibre es diu Estiu.

Escribir es como remar. Literalmente, etimológicamente. Hace falta un escálamo, un palo vertical que se inserta en la borda de la embarcación para asegurar en él el remo mediante el estrobo.

Escálamo viene del griego kálamos, latinizado como calamus, literalmente una caña, mojada en tinta o en sudor, escama y agua de mar. También en sangre, según cómo sea la singladura. Debemos al poeta y navegante Tono Fornes, hombre que luciría orgulloso escálamos y cálamos heráldicos en su escudo de armas si necesitara tal cosa, la recuperación de un insulto valenciano antiguo y muy preciso: furtaescàlems. Aquel que comete fechorías de escaso provecho, pero que ocasionan graves perjuicios a quien las padece.

Así como el escálamo se clava firme y vertical para ser el eje sobre el que pivota la fuerza del remo sujeto con el estrobo, así el cálamo se clava firme y vertical en el papel para ser el eje sobre el que pivota la fuerza de la belleza y de la idea. Las estelas de espuma y las estelas de palabras dan testimonio de su avance. El dolor es idéntico. La soledad es idéntica. También el éxtasis del sol naciente y la sombra fugaz del pez bajo la quilla. Remo para dibujarte en el agua, es preciso que lo diga.

Yo tengo dos escálamos de madera de olivo tallados y preparados por mi padre. La barca la hizo el uelo Pepe hace mucho tiempo bajo un algarrobo. Remo y escribo. Prefiero remar.

Peticiones del oyente

Útiles para el trabajo

Tenía pensado escoger algo que tuviese relación con los recuerdos: cuando un recuerdo no nos abandona o cuando tenemos una palabra en la punta de la lengua y no nos sale, pero voy a hacer algo totalmente diferente. Bromeando con una amiga, me dijo que debería definir: 'una palabra sobre torear a tu jefe haciéndole trucos raros sabiendo que él es un viejo zorro'. Vamos allá.

Lo primero que he pensado es en el Lazarillo de Tormes y las bellaquerías que le hace al amo ciego. El castellano ya ha asumido 'lazarillo' como el que guía a un ciego, no vamos a cambiarle el significado, pero podemos aprovecharlo.

Lázaro es un nombre de origen hebreo, que deriva de Eleazar. Con esto tenemos cubierto engañar a alguien que está resabiado.

Para definir la astucia nos vamos a ir a ardid, que es una palabra que viene del franco hardjan, y este a su vez del gótico hardus, 'duro'. Hardus + Eleazar = Hardelezar. El ejemplo quedaría así:

—Jefe, aquí tiene el artículo que me pidió esta mañana urgente.
—¿10.000 palabras? Tú lo que quieres es que lo publique sin leerlo, sabes que no tengo tiempo. No me estarás haciendo un hardelezo, ¿no?
—Líbreme dios, amado líder.

Y la definición:

Hardelezar

1. tr. e intr. Actuar con astucia elaborada para eludir o confundir a una persona jerárquicamente superior, especialmente cuando esta es difícil de engañar.

2. tr. Engañar o conducir deliberadamente a error a un superior mediante estrategias indirectas o artificios discursivos sin confrontación abierta.

3. intr. Desenvolverse en entornos de poder o trabajo mediante tácticas de ingenio defensivo y simulación estratégica.

Hardelezo

1. m. Acción o efecto de hardelezar.

2. m. Estratagema o maniobra utilizada para confundir o esquivar la supervisión de un superior experimentado.

3. m. coloq. Engaño sofisticado o artificioso realizado dentro de un marco de aparente obediencia.

El cambio de turno no fue casualidad, fue un hardelezo administrativo de manual.

Tove Jansson, viendo venir desde lejos al que le quiere hardelezar


El libro del verano

De Tove Jansson

Edita Minúscula, traduce Carmen Montes Cano.

La razón me pedía recomendarte 'Me acuerdo' de Perec (hay varias ediciones, la última es de Impedimenta con traducción de Mercedes Cebrián), que son simplemente 480 recuerdos casi telegráficos. A mí me gusta mucho.
Pero te voy a recomendar mejor 'El libro del verano', de Tove Jansson. Tove fue una dibujante finlandesa conocida sobre todo por unos de sus personajes, los Mumins. Son estos, los conoces seguro:

He escogido este título como podía haber escogido cualquier otro

'El libro del verano' es el primero que leí de Tove Jansson que no fuera de los Mumins. No suelo, de hecho no lo hago nunca, subrayar ni escribir en los libros, pero este lo llené de notas. Son veintidós escenas que se abren con una niña ayudando a su abuela a encontrar la dentadura postiza caída entre unas peonías, y acaban confundiendo el sonido de un barco con los latidos del corazón de la niña. Pero no es un lugar idílico, «¿Tú cuándo te vas a morir?», pregunta la niña en el primero de los textos, «Pronto. Pero eso no es asunto tuyo», le contesta la abuela. La isla donde pasan los veranos abuela y nieta no es un lugar feliz, ni tiene por qué serlo; es un viaje lento y ramificado hacia el descubrimiento no de qué es la vida y la felicidad, ni qué no es: una carrera jalonando objetivos hasta llegar a la siguiente etapa. Estamos aquí, estamos ahora, quizá podríamos quedarnos un poco más, pero no sabemos lo que vamos a hacer. En general, nadie lo sabe, y la elección de estos dos personajes, una niña que está descubriendo el mundo y una anciana traviesa que se debate entre conservar y despreciar sus recuerdos, es perfecta para llevarnos de la mano a un lugar tan sólido como imaginario donde los milagros más corrientes pueden ocurrir.

¿Qué tiene que ver esta recomendación con la memoria y los recuerdos? Tove no alcanzó esa felicidad plena hasta que no consiguió apartarse parcialmente del mundo, e irse a pasar largas temporadas junto con su pareja, la también artista Tuulikki Pietilä, a la diminuta y rocosa isla de Klovharu. Desde 1964 hasta la década de los 90, Tove y Tuulikki recuperaban en los improbables veranos finlandeses esa felicidad original y pura que emana casi siempre de algún lugar de la infancia. Nunca fuimos tan felices como cuando no sabíamos que lo estábamos siendo. La amargura, la pena o la frustración no necesitan afirmarse ni explicarse, sino que son sentimientos completos, redondos, y la sabiduría que emana de esta prosa diáfana creo que viene justamente de los recuerdos de la autora.

El paso del cometa

La única persona que todavía recordaba el anterior paso de un cometa era también la única que no podía verlo. Tal y como le había dicho la pitonisa, perdería uno de los ojos el día posterior a su boda y el otro un día antes de que el cometa volviese a ser visible en el firmamento, así que no necesitó alzar la vista hacia los cielos para saber que ya estaba allí.

Has llegado al final de la carta, puede que ya ni te acuerdes de lo que te he puesto al principio, es normal, no he hecho otra cosa más que acumular tonterías. Me puedes enviar tu mejor, peor, más antiguo o más reciente recuerdo  si quieres, y así entretener la espera hasta que en unos días o en unas semanas te vuelva a escribir, no te olvides de mí.

Si alguien te ha enviado esta carta, hay más como esta esperándote.

SUSCRÍBETE

Nota bene


la imagen que he escogido para encabezar esta carta es una de las pocas que se conserva de la escultura original en el Parque Gorki. Pertenece al Realismo Soviético, se erigió en 1934, medía 12 metros y era, como ves, a una chica desnuda con un remo. La idea era hacer una representación femenina del deporte para señalar la igualdad entre sexos. A la gente no le gustó, no sé si lo de la igualdad, pero sí lo del desnudo monstruosamente grande (12 metros, te recuerdo), de hecho se hicieron versiones posteriores donde la figura salía en bañador.

La estatua se retiró, se habían hecho copias más pequeñas para otros emplazamientos que no he podido rastrear si se eliminaron. Bueno, la modelo que posó para la escultura fue la estudiante Vera Voloshina (aunque también he encontrado quien dice que no fue ella), que hacía deporte pero tenía problemas de salud y lo dejó. Once años después empezó la Segunda Guerra Mundial, y Voloshina formaba parte de un grupo del ejército rojo encargado de acciones de espionaje y sabotaje al otro lado de las líneas enemigas, y seguramente lo hizo con gusto, porque en 1936 solicitó incorporarse a la Guerra Civil Española, pero rechazaron su petición.

No te creas que le resultó fácil empezar a sabotear nazis, en un primer momento la pusieron a cavar zanjas antitanques, pero se las apañó para que la enviasen a incendiar pueblos. Iba en un grupo de 10 personas, de las cuales ella, con 22 años, era la mayor. Les pillaron, a ella le incautaron una pistola y una brújula y cuando le preguntaron parece ser que la tía dijo que era una actriz que estaba haciendo de extra en una película sobre mujeres soviéticas en el frente de guerra. No coló, la torturaron y colgaron de un sauce, los paisanos recuperaron el cuerpo una semana después y lo enterraron en una fosa común. Hasta 1957 no lo localizaron de nuevo.

En 2011 volvieron a poner una estatua con el mismo diseño que la original y parece que ahora ya no ha habido quejas. Mira, he encontrado otra foto de la estatua, pero vista por detrás, ahora sí que me despido de ti con esta imagen.

Si aprietas este botón me llegará un 'Me gusta' anónimo.
Solo tú y yo sabremos que lo has hecho
← ☄ #4 Ardicia☄ #6 Nombrar →