D.W. Griffith dirigiendo con un megáfono alrededor de 1922.
Hola, persona que a veces echa de menos escuchar determinadas palabras.
Esta carta tiene 4609, y en ellas te hablo tres veces de mis hijos. Adminístralas como mejor consideres.
Llevo un poco más de un mes sin enviarte nada. Como te dije, quería escribirte un par de cartas de El paso del cometa al mes, y más o menos he cumplido; pero en todos los casos, como te prometí, las he enviado porque quería o necesitaba contarte lo que te conté en cada carta. La que estás leyendo ahora lleva varias semanas en borrador, y no he podido terminarla antes porque he estado escribiendo otras cosas y porque el final de curso me ha atropellado un poco, así que me vas a perdonar que el texto sea un poco apresurado.
Esta relación epistolar nuestra comenzó en abril. No sé a ti, pero a mí se me ha pasado en un parpadeo. Como todavía no te has dado de baja, entiendo que te gustan las cosas que te explico: a mí me gusta más escribirlas pensando en que las vas a leer, créeme.
Este va a ser el último paso del cometa hasta septiembre, pero te voy a seguir escribiendo. Ahora te lo explico.
Agosto. Una historia de marcianos
En agosto voy a estar viajando un poco por aquí y por allá, y no voy a poder buscar etimologías ni tratar de hilar diferentes partes de la realidad que parecen lejanas entre sí. Esta carta se convertirá en otra cosa: en una historia de verano por entregas.
El relato se llama Agosto. Una historia de marcianos, y empezarás a recibirlo el día 1. He andado tan liado que es muy posible que no hayas leído esta carta cuando recibas la primera entrega, así que te pido mil disculpas si es así.
No tienes que hacer nada, simplemente cogeré la lista de las personas que leéis esto y la pondré en 'Agosto'. Son dieciséis entregas,
aquí puedes ver de qué va, y
aquí tienes la planificación completa. Cada capítulo ocurre en el mismo día en que lo recibes, y algunas de las cosas que salen en el relato estarán pasando en el mundo real.
He tratado de que sea una historia divertida y muy loca: marcianos que hacen turismo, un eclipse en alta mar, expresidentes de la Generalitat en horas bajas, vedettes que se dedican a la cría de gusanos de seda, la Vuelta Ciclista a España, un periodista que se mete ufólogo solo para ligar y mucha agua con gas.
Es posible que a ti estas cosas no te gusten; a mí me encantaba leer los relatos de verano en los diarios, esas historias por capítulos me gustaban especialmente porque era al mismo tiempo una lectura colectiva y tenían cierta emoción de no saber qué ocurriría al día siguiente. Ojalá te pueda hacer sentir a ti algo parecido a eso, en cualquier caso, si no quieres recibirlo, me lo dices y no te lo enviaré.
El día 1 te llega el primer capítulo. Si no quieres leer las aventuras de dos marcianos a los que haciendo turismo por la Vía Láctea se les avería la nave, solo tienes que decírmelo. Pero quién no querría leer una cosa así, me pregunto.
ESCRÍBEME →☄
Pocas cosas más extrañas que el sonido de la propia voz. Hablar como lo hacemos hoy es una capacidad natural para la que nuestra laringe, nuestras neuronas y nuestros genes se han ido adaptando durante miles de años. Te diré que no he sido más feliz en ningún trabajo (y he tenido muchos) que cuando era narrador oral, vulgo, cuentacuentos, aunque a mí me gustaba mucho presentarme como cuentista. Ya casi no lo hago profesionalmente, pero como mis dos hijos siguen siendo pequeños y todavía tienen edad para pedirme que les cuente cuentos, aún puedo ejercer mi profesión de manera doméstica.
La narración oral tiene por un lado la pureza de la esencial (persona-palabra-persona) y por otro la complejidad de crear personas y levantar universos en espacios muy reducidos y de manera muy económica. Es posible que hayas visto La Odisea de Nolan, y también que te haya fascinado la imagen y la esencia de la historia; como sabes, es un relato oral, y entre las historias preferidas de mis hijos están los pasajes de La Ilíada y La Odisea que les cuento.
Contar no es solo explicar
Caperucita o
Las princesas también se tiran pedos, a mis hijos les he contado, consiguiendo diversos grados de fascinación, un gol de Zidane, la verdadera receta de las patatas a lo pobre o, como he hecho este mes, la historia detallada de cómo nacieron (ambos son de julio).
Contar un cuento es uno de los mejores regalos que se me ocurre: levantar una realidad que envuelve al que escucha, que —cada cuento en cada sesión es esencialmente único— está hecho para esa persona y que jamás se volverá a repetir. Hay que contar más cuentos.
Ilustración de Léon Carré para El tarot de Las mil y una noches
Voz
La palabra 'voz' viene directamente del latín
vox con el mismo significado. Hoy en día está resignificada, y no somos pocos a los que nos gustaría que volviera a ser una marca de diccionarios y ya, pero esto es lo que hay.
Lo que me interesa de vox es su relación con vocare, llamar, y muchas de las palabras que se derivan de ese vocare y cómo se construyen:
Invocar usa in- (hacia, pero también habitualmente con un valor intensivo) para resumir la acción 'llamar para que acudan'. Para vocación, a vocare se le pone el sufijo -tio/-tiōnis que indica resultado o acción, y ya sabemos que lo que los maestros sienten hacia su profesión es una llamada. Los abogados son aquellos que son 'llamados para algo', ya que se forma con ad- y vocare, y significaba 'el que es llamado para ayudar'. Cuidado con invocar a un abogado, porque lo estarás llamando dos veces.
Tal como suena no tiene sentido
De las palabras para el sonido, mis favoritas son las onomatopéyicas. Ahí tienes el
murmullo, que viene de
murmurium, porque la onomatopeya para ese sonido en latín era
murmur, no les costó nada crear el verbo porque es evidente que era necesario. Lo mismo pasa con
susurro, que viene de
susurrus, pero esta vez no es una creación del latín, sino que deriva de la raíz indoeuropea
swer, (zumbar, sonido continuo, murmullo) que en latín también produjo
surdus, sordo o de sonido poco claro. Y con ese
surdus y el prefijo
ab- (lejos de) tenemos
absurdo, que en latín significaba desafinado, disonante. Seguramente empezó a usarse
absurdus de manera figurada (Cicerón lo hacía a menudo) para un razonamiento incongruente, y eso le fue comiendo terreno al
desafinado para llegar como nos ha llegado hoy.
Es mejor que no le busques el sentido al viaje de esta palabra, pero ahora tienes la oportunidad de, cuando oigas un cantante o grupo muy malo, decirle 'eres un absurdo' y ceñirte al rigor del significado.
Nos regala su palabra favorita Artur Folch. La ha escrito en valenciano y yo he traducido el texto justo debajo. Incluye una coda donde habla bien de mí: es una exageración infundada que, pese a ello, le agradezco, porque sé que la hace de corazón.
Astròlic, la paraula preferida d'Artur Folch
Es tracta d’una paraula que recordo en boca de la meua iaia, nascuda i viscuda a Vilar de Canes, un poble microscòpic de l’Alt Maestrat. És un adjectiu que es fa servir per a identificar les persones amb una imaginació desbordada, creatius i un tant estrambòtics. Al
DCVB no apareix, però sí que es pot trobar el verb
astrolicar que vol dir “fantasiar” i s’indica que és propi de la parla de l’Alguer, una no microscòpica ciutat de Sardenya. Res em resulta tan meravellós com constatar que als dos extrems de la meua llengua (que no li diré ni valencià ni català ni alguerés, sinó vilardecanenc) es mantenen paraules semblants separades per segles i, exactament, 441 milles.
Ambdues paraules provenen d’”astròleg”, i suposo que l’habilitació com a sinònim de fantasiós té la base en la malfiança de la gent cap a les paraules dels endevinadors, visionaris i estudiosos de l’horòscop. Tot i això, el matís de significat que jo trobava en boca de la meua iaia era diferent: algú astròlic era algú que utilitzava la sua intel·ligència per a trobar idees poc freqüents, camins de significat no molt transitats, a banda que es referia sobretot als xiquets menuts (anomenats també “sagals”, “aleus” o chicuelos) que destacaven per la seua creativitat i saviesa precoç. Pel que he investigat assegut còmodament a casa amb l’ordinador, astròlic es fa servir bàsicament als Ports i el Maestrat, tot i que està cada vegada més oblidada. Potser és perquè als Ports i al Maestrat, com a tot arreu, les paraules van perterint (una altra perla lingüística que deia la meua iaia), o potser perquè cada vegada hi ha menys gent astròlica: la fantasia i la intel·ligència van de baixa.
Per cert, si haguera de triar algú com a exemple de persona astròlica en el sentit que jo tinc entés (imaginatiu, ocurrent, juganer, intel·ligent), potser utilitzaria l’exemple d’Òscar Mora. Però no crec que li ajude fent-li la pilota.
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Astrólico, la palabra preferida de Artur Folch
Se trata de una palabra que recuerdo en boca de mi abuela, nacida y criada en Vilar de Canes, un pueblo microscópico del Alt Maestrat. Es un adjetivo que se utiliza para identificar a las personas con una imaginación desbordante, creativas y un tanto estrafalarias. En el DCVB no aparece, pero sí puede encontrarse el verbo astrolicar, que significa «fantasear», y se indica que es propio del habla de Alguer, una ciudad no precisamente microscópica de Cerdeña. Nada me resulta tan maravilloso como comprobar que, en los dos extremos de mi lengua (a la que no llamaré ni valenciano, ni catalán, ni alguerés, sino vilardecanense), se conservan palabras parecidas separadas por siglos y, exactamente, 441 millas.
Ambas palabras proceden de «astrólogo», y supongo que su uso como sinónimo de fantasioso tiene su origen en la desconfianza de la gente hacia las palabras de adivinos, visionarios y estudiosos del horóscopo. Sin embargo, el matiz de significado que yo encontraba en boca de mi abuela era diferente: alguien astrólico era una persona que utilizaba su inteligencia para encontrar ideas poco frecuentes, caminos de significado poco transitados; además, se aplicaba sobre todo a los niños pequeños (llamados también sagals, aleus o chicuelos) que destacaban por su creatividad y su sabiduría precoz.
Por lo que he investigado cómodamente desde casa con el ordenador, astrólico se utiliza principalmente en Els Ports y el Maestrat, aunque cada vez está más olvidada. Quizá sea porque en Els Ports y el Maestrat, como en todas partes, las palabras van perterint (otra joya lingüística que decía mi abuela), o quizá porque cada vez hay menos gente astrólica: la fantasía y la inteligencia están de capa caída.
Por cierto, si tuviera que elegir a alguien como ejemplo de una persona astrólica en el sentido en que yo la entiendo (imaginativa, ocurrente, juguetona e inteligente), quizá pondría como ejemplo a Óscar Mora. Pero no creo que le haga ningún favor haciéndole la pelota.
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La palabra inventada
La palabra de hoy es especialmente innecesaria. El sonido que hace la cuerda del arco justo después de que disparemos una flecha no tiene una palabra específica, así que vamos a crear una que ese momento, precursor de la música y emparentado con la caza para poder nombrar tanto a esa cosa tan específica como a los sonidos muy breves que no podemos identificar.
No vamos a recurrir a ninguna lengua clásica, nos vamos a ir al mongol, ya que los mongoles han sido históricamente grandes arqueros. Como te podrás imaginar, mis conocimientos de su idioma son absolutamente nulos, así que me voy a tener que fiar de los diccionarios en línea.
De entrada, el mongol tiene la palabra: Хөвч (que podemos transcribir khövch/xövč), que es polisémica, pero tiene un significado bastante específico: la cuerda tensada de un arco.
Por otro lado, sonido es дуу (transcrito duu).
Por último, una de las palabras para 'corto, breve' sería охор (oxor).
El corta-pega nos daría 'Coduxor', y la definición quedaría así.
Coduxor, -ra
Sust. m. y f.
Del mongol хөвч xövč, «cuerda del arco»; дуу duu, «sonido»; y охор oxor, «breve, corto».)
1. Sonido breve, seco y vibrante que produce la cuerda de un arco en el instante inmediatamente posterior a la liberación de una flecha.
2. Sonido muy breve, generalmente agudo, cuyo origen no llega a identificarse antes de extinguirse.
Por la noche, las vigas de madera de la casa no paraban de producir coduxores
Coduxar
v. intr.
1. Producir la cuerda de un arco el coduxor al liberar una flecha.
2. Emitir un sonido muy breve, generalmente agudo y de origen no identificable o apenas perceptible.
3. fig. Irrumpir fugazmente un sonido en el entorno y extinguirse antes de que pueda reconocerse su procedencia.
Algo coduxó entre las ramas, pero nadie supo qué había sido.
Diana, de Augustus Saint-Gaudens, que durante un tiempo fue la veleta del Madison Square Garden de Nueva York
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El ejército ciego
David Toscana, ed. Alfaguara
Sin que sirva como precedente, voy a recomendarte una novedad. El premio Alfaguara de 2026 me ha gustado mucho, y lamento no habérmelo llevado de vacaciones, porque creo que lo habría disfrutado más en un tiempo de holganza.
Parte de un hecho histórico: en el año 1014 el emperador bizantino Basilio II capturó a 15 000 soldados búlgaros en la batalla d Kleidion. Mandó que a 99 de cada 100 les sacasen los ojos y volviesen a casa, guiados por los tuertos. El emperador búlgaro vio regresar a sus soldados y murió de un ataque al corazón dos años después.
David Toscana ha fabulado las historias de algunos de estos soldados. Son textos breves entrelazados entre sí bonitos, emocionantes, divertidos y tiene un final precioso. Lo dicho, ojalá habérmelo leído con tiempo libre, aunque no es demasiado largo y se puede acabar en dos ratos.
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Estoy un poco nervioso de que el 1 se empiece a enviar
Agosto. Una historia de marcianos. Pero nervioso igual que cuando iba a empezar una sesión de cuentacuentos: unos nervios ágiles, casi agradables.
Ojalá lo leas y te rías un poco, y si no te gusta lo olvides como un coduxo: no sé de dónde ha venido, no sé qué es, voy a dedicarme a otra cosa.
Te vuelvo a escribir en septiembre, que tengas un feliz agosto.