Agosto. Una historia de marcianos
Agosto · Una historia de marcianos Entrega IX
15/08/2026

IX. Los investigadores escandinavos y la fobia al agua

Entrega IX
IX. Los investigadores escandinavos y la fobia al agua
Resumen de lo publicado: Mun y Vrak buscan el segundo componente para reparar su nave: el silbato de 'Bronco' Ibáñez, justo cuando los Juegos del Mediterráneo están a punto de llevarse al entrenador lejos de ellos.

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Reproducimos a continuación el archivo .docx de Maribel Pons, presidenta de l'Associació Valenciana d'Ufologia Interestelar (AVUI) relativa a la actividad Astronomia en el Desert realizada el 15 de agosto de 2026. Se trata del borrador de un artículo destinado a publicarse en el siguiente número de 'El visitante de las estrellas', boletín de la asociación, dentro del apartado 'Vida asociativa' .

UNA NOCHE PARA RECORDAR

Por Maribel Pons (Presidenta)

Como cada mes de agosto, la AVUI acudió en pleno a la jornada 'Astronomia en el Desert', a la que asistieron casi todos los miembros de la asociación. La ausencia de D. Francisco Serer estaba justificada y verificada con el resto de miembros de su equipo de petanca, y D. Wei Xuan alegó que es que no podía cerrar el bar y que si no se podía organizar el sarao en su establecimiento, como siempre. El resto de miembros que faltaron sospecho que fue por los 5 euros que costaba realizar la actividad. Mira, no es la primera vez que lo digo por aquí, estas actividades no se organizan solas ni se pagan solas, así que la próxima vez que votéis en contra de una subida de cuota os lo pensáis mejor, y quizá podamos hacer cosas gratis.

Astronomia en el desert.

Incluso dejamos entrar a D. Rafael Alabarta, que no sé ya cuántos meses debe, porque prometió ponerse al día en cuanto acabase su investigación. Acudieron numerosos astrónomos aficionados, muchos de ellos extranjeros. Hay quien con mucha mala leche dijo que eso era porque habían venido al eclipse del día 12 y habían aprovechado para quedarse de vacaciones unos días más, y digo yo, ¿por qué no puede ser al revés? ¿Y si vinieron a nuestro evento y aprovecharon para acudir unos días antes y así ver el eclipse?

Volviendo a la jornada, acudieron a ella dos investigadores escandinavos expertos en fenomenología electromagnética, y no por casualidad: yo misma encomendé a mi sobrina y al señor Alabarta la tarea de localizarlos y establecer el contacto oportuno, tarea que cumplieron con una discreción rayana en el hermetismo total, incluso conmigo, que soy quien firma los seguros de responsabilidad civil de esta asociación.  Si un investigador escandinavo se cae por un barranco, la que tiene que rellenar el formulario soy yo, así que vamos a ver si sabemos quién es cada cuál en esta asociación. Cuando por fin me pusieron al corriente, ya llevaban algunos días de excursiones varias con ellos. No voy a sacar el tema otra vez, lo dejo aquí apuntado, para que conste.

He escrito investigadores, pero solo se presentó uno. El otro, según me trasladó Núria, tenía 'Compromisos deportivos ineludibles', frase que a mí, personalmente, me sonó parecidísima a las que utiliza mi cuñado cuando no quiere venir a comer los domingos, pero bueno, entiendo que la investigación científica internacional tiene sus horarios y no seré yo quien los cuestione.

La visita la guiaba nuestro astrónomo de cabecera, el de toda la vida y al cual apreciamos mucho; pero cometió un par de despistes sobre Casiopea. Solo se dio cuenta el investigador escandinavo (me estoy dando cuenta de que nadie me dijo su nombre en ningún momento, así que a partir de ahora lo llamaré con el acrónimo INÉS —INvestigador EScandinavo—), que lo corrigió. Después dio una cifra de años luz entre la Nebulosa del Cangrejo y la Galaxia Maffei II que se ve que no era del todo exacta. Nuevamente INÉS le corrigió, y le volvió a corregir cuando sugirió que el planeta Teegarden b tenía unos ocho mil millones de años. No culpo a nuestro astrónomo de cabecera, a mí también se me habrían hinchado las narices: le dijo a INÉS que si tan listo era, que diera la charla él, a lo que INÉS le contestó 'Vale'.

Nuestro invitado explicó la evolución de varias estrellas, respondió preguntas sobre nebulosas, agujeros negros y planetas extrasolares sin titubear una sola vez y, cuando un asistente quiso saber cuál era el mejor momento para observar cierto sistema estelar, respondió que durante el equinoccio. Cuando le preguntaron cómo estaba tan seguro, afirmó que porque él había estado allí, demostrando que el rigor científico no está reñido con el buen humor.

Salpicó de humoradas el resto de su maravillosa charla, con afirmaciones como 'Pues esa estrella de ahí no está exactamente donde la recordaba', 'Si en un cinturón de asteroides ves que hay varias naves interestelares detenidas, para, que allí seguro que se come bien' o 'Las nebulosas son preciosas, pero te ponen la nave perdida de polvo'. Llegado el turno de ruegos y preguntas, nadie alzó la mano, salvo un señor al que nadie conocía, vestido con traje y gafas de sol pese a que estábamos en plena noche, con una barba descuidada y ademanes como si todo aquello le perteneciera, que dijo que si por favor le podíamos dejar decir unas palabras, que él había ido a muchos actos y estaba acostumbrado a dar discursos y a que todo el mundo le aplaudiese y le hiciese la pelota y tenía mono, porque ya hacía tiempo que no le hacía caso ni la portera de su edificio. No nos pareció una actitud Muy Honorable, y le dijimos que no. Aunque se quedó un poco mohíno, permaneció en el acto y luego bien que se zampaba los canapés de dos en dos y le explicaba a cualquiera que le quisiese escuchar que él conocía un restaurante en València cojonudo, que entrabas y es como si se detuviese todo, perdías la noción del tiempo y ya podía estar fuera acabándose el mundo, que tú te quedabas a acabarte la paella, y que si queríamos nos reservaba mesa, que él era amigo del dueño. Lo mandamos a tomar viento. Se quedó igual, parecía una de esas personas a la que les cuesta marcharse de los sitios, parecía perdido, como si a un extraterrestre lo hubieran puesto allí.

D. Casildo Almanaque volvió a encargarse de los bocadillos y el catering de la cena, cosa que le agradezco, pero que también me obliga a recordar, una vez más, que las facturas hay que guardarlas TODAS, no solo las que le parece oportuno enseñarme, y no es la primera vez que tenemos una diferencia de doce euros que nadie sabe explicar.

Durante la cena, INÉS se interesó por el tejido del foulard que llevaba nuestra compañera Dª Consuelo Martínez. Ella le dijo que era seda natural, pero el investigador le dijo que no le valía, que no era suficientemente pura. Le acercó una losa de piedra finita y tocándola con un dedo le dijo '¿Ves? Es un filamento orgánico, pero no lo suficientemente conductor. Es una lástima, pero el estampado del reactor de Chernobyl es realmente original, enhorabuena'. Dª Consuelo Martínez respondió que el foulard era un regalo de su hermana y que, aunque no condujera bien la electricidad, pensaba seguir poniéndoselo.

D. Casildo, en lugar de buscar las facturas y comprobantes como hubiese sido su obligación, aseguró conocer personalmente a una señora de Nules que todavía trabajaba la seda como Dios manda. Casildo conoce personalmente a muchísima gente, a lo mejor demasiada. Añadió que esta mujer se había dedicado al mundo del espectáculo y que su taller era clandestino y no recibía a cualquiera, pero que si quería él le daba el teléfono. 

Termino agradeciendo, como siempre, a Núria Pons su labor con los investigadores, aunque le recuerdo, con todo el cariño, que a la próxima me pase partes diarios, que para eso soy la presidenta, además de su tía carnal, y no una simple lectora de este boletín como todos ustedes. Esperamos poder contar con el otro investigador en la próxima ocasión, si el waterpolo se lo permite.

Nos vemos el mes que viene.
Y una cosa, Casildo: las facturas.

—Otra vez —dice Vrak—. Pero esta vez pensad en las corrientes de Saturno.

Los jugadores se miran entre ellos, no tienen ni idea de qué está hablando, pero ninguno se atreve a decirlo porque han mejorado en tres días más que en los últimos tres meses. Además, Vrak se ha puesto uno de los gorros de waterpolo de manera que le tapa media frente y la imagen, lejos de ser cómica, les impone algo de respeto.

—¿'Corrientes de Saturno' es un equipo? ¿Tienes vídeos para que nos fijemos? —pregunta el Bronco.

—Saturno tiene corrientes atmosféricas que rotan en sentidos opuestos según la latitud. Si el boya rota hacia un lado y el ala hacia el otro, generáis un vacío en el centro que el rival no puede cubrir. Es física elemental.

—Creo que no lo entienden,

—Me da igual: que lo hagan. Trae el silbato.

Vrak lo hace sonar y los seis jugadores se mueven: por primera vez en toda la tarde, en toda la semana, en toda la temporada, la jugada sale completa. Pase, bloqueo, el hueco exacto donde tiene que estar, gol. Se hace un silencio de dos segundos seguido de gritos de alegría. Los seis se abrazan en el agua como si acabaran de ganar los Juegos del Mediterráneo.

—OTRA VEZ —grita Vrak, y esta vez es él quien no puede disimular algo parecido a la euforia.

Mientras los jugadores hacen la jugada una y otra vez, el Bronco Ibáñez le pone a Vrak una mano en el hombro.

—Quédate el silbato. A partir de hoy, el entrenador eres tú.

—No.

—¿No? —Vrak se queda pensando cómo rechazar el cargo sin confesar que es un extraterrestre.

—No quiero el cargo. Los papeles, las reuniones de la federación, lo de rellenar la ficha después de cada partido... no. Pero el silbato sí que me lo quedo.

El Bronco lo mira raro un momento, y luego decide no darle más vueltas, que es lo que suele hacer con la mayoría de las cosas que dice Vrak.

—Como quieras. Pero cuídalo, era de mi padre y antes del suyo y antes del suyo, significa mucho para mí.

—No: tú sí que no sabes lo que significa para mí. En serio, no tienes ni idea, y además no te lo puedo decir.

El Bronco, conmovido, le pone la otra mano en el hombro.

—Sé que llevas fuera de tu casa mucho tiempo. Y sé que un equipo, cuando lo entrenas de verdad, se convierte en tu familia. Lo entiendo.

Vrak se queda en silencio exactamente un minuto. En condiciones normales, ni se plantearía decirle  a un humano que el silbato es un componente esencial para reparar la nave con la que ha de volver a su planeta, pero una pequeña voz en su interior le impele a darle una pequeña pista.

—Tienes un poco de razón —dice Vrak, muy serio—. Cuando toco este silbato me siento un poco más cerca de mi hogar.

El Bronco se emociona todavía más y le da un abrazo que Vrak no le devuelve porque tiene los brazos ocupados sujetando el silbato, no vaya a ser que se le caiga al agua.

—Prométeme una cosa —dice Vrak, soltándose en cuanto puede—. Vas a volver de los Juegos con la medalla. No por ti, ni por mí, ni por los chicos. Por tu padre y por tu abuelo, por todos los que se quedaron en el borde de la piscina dando instrucciones porque no se atrevían a entrar en el agua.

El Bronco traga saliva, asiente como si acabara de recibir la bendición de un oráculo  y está a punto de lanzarse al agua, pero el miedo le frena en el último momento.

— ¡Ya habéis oído! —grita a los jugadores—. ¡Vais a estar repitiendo la jugada hasta que le saquéis brillo a los anillos de Saturno!

Le hacen caso mientras Vrak sale del pabellón apretando el silbato en la mano: ya tienen dos componentes.

A continuación va el último bloque. Si estás disfrutando de la lectura, considera compartirlo en redes con la etiqueta #agostomarciano, y enviar este capítulo a quien creas que se va a reír

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Los asistentes a la jornada descienden pequeños grupos iluminando el sendero con sus linternas. En la parte delantera, Casildo seguía explicando a quien quisiera escucharlo que el bocadillo de tortilla admitía perfectamente alioli y mantequilla de cacahuete si se aplicaba con criterio. Mun está discutiendo con un párroco aficionado a la astronomía sobre la música de las esferas. El párroco está seguro de que la campana de su iglesia se hizo afinada con el sonido de la supernova Earendel, mientras que Mun le explica que los earendelianos no destacan por su oído musical.

La conversación se interrumpe, porque a mitad de camino aparece Vrak acunando el silbato entre las manos.
— Tengo una buena y una mala noticia —le dice a Mun mientras lo lleva aparte—. Ya tenemos el segundo componente. Esa es la buena. Es posible que haya hecho una amistad humana. Esa es la mala.
— ¿Y por qué es mala?
— Porque si todos nos sale bien, no volveré a verlo, y eso me provoca cierto malestar. Ahora que lo pienso, eso es una malísima noticia. Reformulo mi tesis inicial: tengo una buena, una mala y una posible malísima noticia.
—Yo también tengo una buena y una mala noticia —le dice Mun mientras le coge suavemente del codo y se aleja un poco más del camino—. La buena es que ya sé dónde conseguir otro de los componentes.
— ¿Y la mala?
— Estamos en deuda con Casildo.
Vrak se queda pensativo unos instantes y observa en la lejanía a Casildo, que ahora está pontificando sobre las mejores sopas de sobre y su relación con las fluctuaciones del Dow Jones. Suspira.
— Creo que es algo que podremos asumir.

Retoman el paso, ponen a buen recaudo los dos componentes que ya tienen y brindan con copas imaginarias por el tío Zork, que no iba tan desencaminado con lo mucho que se hacen de querer los seres humanos.

— Hay una cosa que sé desde hace tiempo —dice Núria que, junto a Rafa, se ha quedado un poco rezagada del grupo.

—Núria, ya casi eres doctora en astronomía —contesta él—, estoy seguro de que sabes muchas cosas. Es más, estos días estoy comprobando lo ignorante que soy yo a tu lado.

— Estás estudiando periodismo.

En lugar de contestar, Rafa se queda en silencio y frunce los labios, dando a entender que no sabe dónde quiere llegar.

—No te interesa nada nada la ufología, es más, estás  colaborando con Mun y Vrak, dos extraterrestres, y todavía hay algo en ti que no cree en ellos.

Rafa mira en la cabeza del grupo a Vrak, que no se ha quitado todavía el gorro de waterpolo, y a Mun, que está contestando cortésmente las dudas que le plantean algunos de los asistentes sobre cuáles son los mejores colores para la carrocería de una nave espacial.

—Tienes razón, como siempre.

Núria sigue caminando unos pasos en silencio.

— Sé que todo esto —Núria señala hacia sus compañeros de la AVUI y hacia el cielo— es parte de tu TFG.

Rafa se encoge de hombros. Definitivamente se ha quedado sin respuestas ingeniosas y sin excusas de última hora.

— Pero hay algo que no entiendo —continúa ella—. Estoy bastante segura de que a los dos o tres meses de entrar ya tenías todo el material que necesitas para el trabajo, así que no sé por qué sigues aquí.

Están llegando al final del trayecto, algunos miembros de la asociación les están esperando en el parking.

— La AVUI me está dando la oportunidad de conocer cosas que antes no conocía —dice él después de pensar un momento—. La verdad es que ayudar a unos marcianos a reparar su nave no entraba en mis planes .

— No. Tú venías a observar estrellas.
— Bueno, y también a verte a ti.

Núria no se sorprende demasiado, sonríe, aunque eso Rafa no puede verlo en la oscuridad de la noche, por más estrellas que haya.
—Eso sí que no lo sabía, pero me lo imaginaba.

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