Agosto. Una historia de marcianos
Agosto · Una historia de marcianos Entrega XVI
29/08/2026

XVI. Colapso cuántico inminente y delirio colectivo estival

Entrega XVI
XVI. Colapso cuántico inminente y delirio colectivo estival
Resumen de lo publicado: Es el último capítulo, yo creo que no necesitas un resumen de lo publicado. Y si te hace falta, yo que tú me iría al capítulo I y me lo leería todo otra vez.
Informe final. Agente Eduard Soler. Comisaría de Castelló de la Plana. 29 de agosto
ASUNTO. Cierre de expediente 2026/0847-B, relativo a la investigación sobre presuntos investigadores escandinavos con actividad irregular en la provincia de Castellón durante el mes de agosto.
RESOLUCIÓN: Se procede al archivo del caso por posible delirio colectivo estival.

Tras semanas de seguimiento, se concluye que los sospechosos eran, con toda probabilidad, turistas nórdicos con afición a la electrónica y escasa tolerancia al calor, cuyo comportamiento errático (cambios frecuentes de vestimenta, horarios nocturnos, presencia en actos de una asociación de ufólogos, querencia desmesurada por el agua con gas) puede explicarse por un cuadro de agotamiento estival sin mayor trascendencia penal.

Se adjunta como evidencia clasificada sin categorizar el retrato realizado por uno de los individuos durante su breve detención, está un poco manchado de helado, pero se ve. Mira, mejor me lo quedo yo y dejo una fotocopia, nunca se sabe. El firmante reconoce, a título personal y sin que conste en el apartado correspondiente del formulario, que el del cuaderno dibujaba muy bien.

Se solicita, adjunto a este informe, la baja voluntaria por estrés.

Lo que sigue no debería figurar en un informe oficial, pero el firmante ha decidido incluirlo de todas formas, porque después de este mes ya no tiene muy claro dónde termina lo oficial y dónde empieza lo demás.

Hace unos días, en un concurso de sonetos de una comarca a la que no debería haber ido, escuché a un desconocido declamar durante minuto y medio sobre fútbol, sobre la dignidad de perder y, no sé muy bien por qué, sobre un helado de pistacho. No entendí ni la mitad de las referencias. Soy consciente de que un soneto sobre fútbol declamado por un argentino en Benicàssim un martes de agosto no debería cambiarle la vida a nadie, y sin embargo llevo veinte años persiguiendo gente por esta provincia y no recuerdo haber sentido, en ninguna de esas persecuciones, lo que sentí esos noventa segundos escuchando a un tipo hablar de un helado. Dicho en un informe oficial, suena fatal, pero es la verdad, y llevo tiempo sin escribir la verdad en ningún sitio, así que esto es lo que hay.

He estado dándole vueltas a los terrenos municipales sin uso que hay a las afueras. Hay uno justo al lado del vertedero, pero con mucho sol, que según me han dicho se puede solicitar en concesión. Llevo dos noches sin dormir imaginando la escena: yo con un cubo, el hincha de Argentina con una regadera, discutiendo sobre si los tomates necesitan sol directo o no, sin sirenas, sin radio, sin nadie al otro lado pidiendo refuerzos que nunca llegan. No tengo ni idea de cultivar nada. Él tampoco, creo, aunque dice que su abuela en Rosario tenía un jardín precioso y una vez me enseñó una foto que no me he podido quitar de la cabeza desde entonces.

Mariluz ha vuelto de vacaciones con los niños esta semana. No me ha reprochado nada de lo que llevaba un mes temiendo que me reprochara. Se ha limitado a mirarme, dejar las maletas en la entrada y decirme que deje el trabajo. Con esas palabras, sin más. Y lo curioso es que, por lo visto, ya sabía lo del huerto antes de que yo se lo contara, porque el hincha de Argentina se lo había dicho por WhatsApp, que estaba preocupado por mí, contactó con ella y han hecho buenas migas.

Es exactamente lo mismo que me dijo un cura en un confesionario hace unas semanas, palabra por palabra casi: que le hiciera caso a mi mujer. En su momento pensé que era un consejo genérico, de los que se dan a cualquiera. Ahora empiezo a pensar que llevo meses siendo el único que no se ha enterado de nada, y que todo el mundo a mi alrededor lo sabía antes que yo. No sé si tiene razón. Pero cada día que pasa me cuesta más encontrar el argumento contrario.

Esta tarde iré con el hincha de Argentina (por cierto, todavía no me ha dicho su nombre) a merendar al bar de Gaspar  y a despedirme, ahí mismo, de mi carrera en la policía.

Firmado: Agente Eduard Soler.
Atardece sobre Benicàssim. Gaspar ha dado el día libre a sus empleados y ha colgado un cartel en la puerta para disuadir a los posibles clientesDescuelgan la cúpula con la ayuda de una grúa que Vicente ha conseguido de un primo, el del barco no, otro, no preguntéis, y la trasladan en procesión silenciosa hasta el Delta del Millars, donde el resto de la nave lleva enterrado desde el primer día de agosto esperando este momento exacto. Gaspar se ha resistido un poco, porque le duele perder su fuente de ingresos y de buenas valoraciones en Tripadvisor, pero el comandante Vrak le ha dicho muy serio:

—Nos la tenemos que llevar ya. Hay un riesgo de colapso cuántico inminente.

Mun se sorprende un poco, porque eso del colapso cuántico es algo que Vrak se acaba de inventar, y lo hace para que Gaspar se quede tranquilo. No es en absoluto su estilo, tener conmiseración con los seres humanos, algo en este viaje le ha cambiado.

En el Delta del Millars están Rafa, Núria, Amanda, Vicente y un par de miembros de la AVUI que estaban presentes en la jornada del Desert de les Palmes.
 —¿Se lo habéis contado a estos? —pregunta Vrak mientras Mun acopla la cúpula de la nave y lo pone todo a punto.
—No te preocupes —contesta Núria—. Si alguien puede guardar un secreto, es un ufólogo. Incluso Vicente. Son personas de la máxima confianza, cada una de ellas  está aquí  por un motivo concreto.
—Entonces, tú eres la mejor persona para conservar esto —le dice, dándole el diario que lleva escribiendo desde el día uno.
Núria acepta el regalo emocionada, y le dice que conoce a una persona que lo aprovechará aún mejor para escribir sus aventuras: la miembro de la AVUI encargada de redactar los boletines de la asociación. Es una chica despeinada que es presentada como la experta de la asociación en meigas, la Santa Compaña, tradición artúrica y, por lo que parece, también en marcianos. Escruta a Mun de arriba a abajo antes de decirle con cierta decepción.
—Observo que ustedes no tienen tentáculos.
—Y que usted no me ha dicho su nombre.
—Mery. ¿De verdad no tiene los tentáculos escondidos ahí por alguna parte?
—No —dice Mun un poco amedrentado.
—Bueno. Nadie es perfecto.
Por último, les presenta a la delegada de ses illes y encargada de los avistamientos en el archipiélago, Coro Ottile, que se acerca ofreciendo un  plato con una solemnidad que no admite discusión y que ya se olió en la jornada del Desert que los investigadores no eran de por aquí.
—Os he hecho una greixonera para que llevéis a vuestro planeta, que claro, vosotros no sabéis lo que es porque no sabréis ni comer bien, todo el día abduciendo vacas, qué os habrán hecho esos pobres animales, y con lo que sube eso el colesterol. Bueno, la lleváis y la presentáis ante vuestros líderes, hecha con auténticas ensaimadas d'Eivissa, que son las buenas, rechazad imitaciones. Si os gusta venís a por más, la receta no os la puedo dar porque es de ma padrina, y si os la doy no puc tornar a casa. Volvéis, pero sin gentrificar, ¿eh?, haced el favor.
Al destapar el plato se descubre que al postre le falta un trozo considerable, como si alguien lo hubiera cortado con prisa.


—¿Así, sin un trozo? —pregunta Mun, mirando el hueco.
—En mi casa se hace así.
—Pero el trozo que falta...
—No me haga más preguntas, que me está empezando a doler la barriga —zanja Coro, cruzándose de brazos y dando por cerrado el tema.

Todavía falta alguien. Ha observado la escena desde la oscuridad y ha esperado su momento, consciente de que la vedette estrella ha de entrar al final. Con Adriana Modelo acarreando dos baúles un paso por detrás de ella, aparece Rosita Amores, con su traje de plumas y lentejuelas.
—Lo he estado pensando, y el mundo de la lencería de fantasía hecha en seda es demasiado esclavo —dice, sin aliento—. Tengo ganas de reunirme con Zork y que me lleve una última vez a ver los glóbulos de Bok de las regiones HII. Además, acaba de faltar mi sister Dolly Parton, éramos uña y carne, las dos últimas divas de verdad que quedaban en el mundo, y no estoy preparada para sentir tanta soledad.

Vrak se acerca para decirle a Rosita que no tenían pensado llevar ningún pasajero, pero un leve ademán de su ayudanta basta para que ambos agarren los baúles y se afanen en introducirlos en la nave. Al fin y al cabo, es la conclusión más lógica de todo el verano.
—Por el camino —anuncia Rosita, ya subiendo hacia la nave con una energía que desmiente su edad— voy a aprovechar para ahondar en vuestro conocimiento del folclore. Empezaré cantando Ponle Menta, seguimos con El Conductor, después Olvidemos el Mañana, y cerramos con un Popurrí valenciano que os va a cambiar la vida.

Se gira hacia Adriana antes de subir del todo.
Xiqueta, el taller es tuyo. Cuídalo.
Adriana no contesta enseguida. Cuando lo hace, su voz suena distinta a como ha sonado en todo el verano, sin la dureza habitual, con algo parecido al miedo.
—¿Y yo qué hago sin ti? No sé llevar esto sola. Llévame contigo.
—Hay regiones del universo que no están hechas para una chica como tú —le contesta acariciándole la mejilla para después contonearse hasta el interior de la nave—Ací teniu lavabo per a senyores? Perquè no pense compartir-lo —se escucha desde dentro.
Es el primer momento en que Adriana parece completamente humana. Mery da un paso adelante, todavía con la libreta en la mano.
—A mí si no tienen tentáculos no me interesa este asunto, me vuelvo a Ferrol y ya escribiré sobre los marcianos que me dé la gana. En casa tengo ocho gatos y ninguna paciencia para criarlos. Si quieres, te vienes conmigo.
Adriana lo piensa exactamente dos segundos, los mismos en que calibra que tras cuidar hijos de millonarios y gusanos de seda, la crianza de gatos es un ascenso se mire como se mire.
Vrak y Mun salen a despedirse, Amanda les dice que desde su posición puede ver los disfraces de falleras, de astronautas y el de torero y tonadillera colgados en una pared de la nave. Vrak se ajusta el gorro de waterpolo antes de decir, con un inédito titubeo en la voz, que se los llevan por motivos de estudio etnológico. Y por si un día volvemos y nos hacen falta, añade Mun. Sí, por eso también, admite Vrak mientras da torpes abrazos y se retira al interior de la nave. Mun se despide uno a uno de los ufólogos y de Gaspar. A Rafa le estampa un beso como el del eclipse que los demás no entienden y que hace partirse de risa a Núria. A Núria le da las gracias, y cuando ella dice que no hay por qué darlas, Mun le responde que mire el primer dibujo del cuaderno.

La puerta se cierra y la nave emana un silencio que parece absorber todos los sonidos de alrededor, mientras irradia una suave luz de su parte superior. Núria abre el cuaderno por la primera página, la del andén, y no dice nada.

En el bar, ya cerrado, con las sillas subidas a las mesas y las luces apagadas, Soler y el hincha ven a lo lejos, desde la terraza, cómo el cielo sobre el Delta del Millars empieza a teñirse de un azul que no es el de ningún amanecer conocido. Poco a poco ven elevarse la nave y comprenden de golpe todo lo que ha pasado este mes de agosto.

—Yo siempre lo pensé —dice el hincha.
—¿El qué?
—Que esos dos no eran suecos.
Soler no contesta. Se queda mirando la luz, que ya empieza a elevarse.
—Esto puede ser el principio de una bonita amistad —dice el hincha, muy serio, sin dejar de mirar hacia el cielo.
—¿Cómo que el principio? Llevas dos semanas viviendo en mi casa de gorra y ni siquiera me has dicho cómo te llamas.
—Nunca me preguntaste, boludo, y solo era una manera de hablar. ¿Dónde dices que vamos a montar el huerto?

La luz azul sube, se hace pequeña, y termina por confundirse con las estrellas de verdad, las de siempre, las que llevan ahí toda la vida sin que nadie las haya perseguido nunca. Abajo, en el Delta, en el bar Leganés, en el taller de Nules, en una piscina con dos porterías vacías, en la zona de acampada del Arenal Sound, en el campanario de Segorbe y en el del primer beso, en un restaurante con la cúpula ya vacía, agosto se queda atrás, un agosto que ya nadie va a olvidar.
Ya solo queda el epílogo, que podrás leer pasado mañana. Si quieres decirme algo, aquí abajo tienes cómo hacerlo. Tu email no es obligatorio, pero me vendrá bien si quieres que te conteste.
✉ Escríbeme →